Pese a tratarse de gemelos idénticos uno sólo tenía que fijarse un poco para distinguir entre Adolfo y Rodolfo. Desde que vinieron al mundo de manera consecutiva se pudo observar la particularidad de cada uno de ellos. Su abuela pensaba que todo era producto de que la madre los situara nada más recibirlos en el hospital de manera arbitraria a Adolfo a la derecha y a Rodolfo a la izquierda y que al poco por cierta comodidad o costumbre le diera siempre el pecho correspondiente a cada uno de ellos. Aquello, decía la abuela, era lo que los había marcado para el resto de su vida.
Quién sabe, el caso es que Adolfo era diestro y Rodolfo zurdo, desde que comenzaron a andar con el mismo paso cansado y taciturno Adolfo siempre se situaba a la derecha y Rodolfo a la izquierda. Nadie sabía cómo se las apañaban para aparecer en las fotos familiares o del colegio cada uno en su respectivo lado predilecto. De jóvenes comenzaron a destacar jugando al fútbol, Adolfo era un excelente extremo derecho y Rodolfo corría la banda izquierda como nadie, prometían mucho pero un funesto día Adolfo se lesionó la rodilla derecha y al rato a Rodolfo le ocurrió lo mismo con la izquierda. En los días finales de su rehabilitación se podía ver a los dos hermanos caminando por la calle apoyándose cada uno en un bastón para ayudar a sus respectivas y maltrechas piernas, como una especie de animal complejo y extraño.
Resultaba muy curioso cuándo alguien les preguntaba por este hecho que ellos le restaran importancia con un gesto despreciativo de la mano, derecha Adolfo, izquierda Rodolfo, que creaba en el interlocutor una imagen de espejo desdoblado, de simetría humana. Como a menudo hacían gestos iguales y a la vez pero cada uno con su correspondiente lado y siempre iban juntos a todas partes daban la impresión de ser siameses que no sabían que habían sido separados. En el pupitre de la escuela, en el Metro, el autobús o el cine, creo que no hace falta ya decir en qué lado se situaba cada uno.
Había más, Adolfo era conservador en sus ideas politicas mientras que Rodolfo tendía a ideas cercanas al comunismo y sin embargo Adolfo era creativo, sensible y de espíritu artístico y Rodolfo era Pragmático, lógico y científico debido a que cada uno se regía en mayor medida por un lado de su cerebro. A la hora de elegir entre dos cosas, ya fuesen libros, discos o ropa, Adolfo elegía siempre lo que estuviese situado a la derecha y Rodolfo lo de la izquierda. Nunca admitieron que esta simple manía les hiciese decantarse al conocerlas por sus respectivas mujeres sentadas cada una en sendas sillas de un Pub.
Tras casarse y comenzar cada uno vidas distintas continuaron estando muy unidos y no había fin de semana o vacaciones que los dos matrimonios no pasaran juntos. Hasta el fatídico día en que Adolfo murió en un accidente de tráfico cuando intentaba de manera imprudente adelantar a un camión por la derecha.
Rodolfo quedó completamente hundido ante la muerte de su hermano, al principio su mujer e hijos pensaron en la natural depresión tras la pérdida de Adolfo, pero pronto los extraños síntomas que presentaba comenzaron a alarmar a todo el mundo.
Al poco del accidente Rodolfo se quejaba de un intenso dolor en la parte derecha de la cabeza que más tarde, según decía, comenzó a extenderse por todo el lado derecho de su cuerpo. Varios médicos lo examinaron y ninguno halló razón alguna para dicho dolor más allá de una reacción sintomática producida por el dolor de la muerte de su hermano. Sin embargo aquél extraño síntoma en lugar de remitir fue a más llegando a producir en Rodolfo una parálisis completa de toda su parte derecha, su brazo diestro no respondía, su pierna derecha estaba rígida como el mármol y su cara se fruncía en un terrible gesto que le impedía hablar con claridad. Pasó varios años postrado en la cama, quejándose como podía del dolor y atendido por su familia. Hasta que de repente un día esbozó una enorme sonrisa y miró con ambos ojos hacia algún punto en el techo, alzó ambos brazos al aire y juntó sus manos como las junta alguien que parece dispuesto a rezar. Después murió plácidamente.
actos invisibles 3.0
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domingo, 5 de mayo de 2013
lunes, 22 de abril de 2013
Amar
Llorar de Oliverio Girondo. Disculpen la osadía
Amar en los tiempos que correny ante el lento transcurrir del tiempo
Amar en calcetines y con la gripe
Amar exquisitamente y de andar por casa
Amar en la cola del paro
Amar un Lunes de oficina
Amar pese a la prima de riesgo
y el déficit del demonio
Amar y querer
como quien no quiere la cosa
Amar por todos los poros
Amar pese a no estar respirando
Amar comprando en el mercado
Amar en bellos salones y
en sucios excusados
Amar como el dictador ama su poder
Amar con infinito desprecio
Amar frente a las tijeras
Amar sin ser correspondido
Amar leyendo la correspondencia
Amar antes de ser aniquilado
cuando el torturador levanta su arma
Amar como solo aman los animales
Amar como solo aman los poetas
Amar eternamente y durante un segundo
Amar a dos o tres bandas
Amar siendo despechado
Amar unos pechos
Amar platónicamente
frente a un plato de cocido
Amar en los atascos, atascarse de amor
Amar frente al Banco Mundial
Amar frente a la policía
Amar en los Tanatorios y en las romerías
Amar en el asilo
cuando ya no quede ni memoria
Amar esperando el Metro
Amar de espaldas y de soslayo
Amar contra la pared del Vaticano
Amar insolentemente
con el mundo por montera
Amar sin que sea Primavera
Amar sin encontrar las llaves
Amar con el café con leche
Amar en los tiempos del cólera
Amar siendo duro de mollera
(Amar siempre a las camareras)
Amar con huevos revueltos
Amar y dos huevos duros
Amar aunque esté de moda
Amar inesperadamente y
esperando amar
Amar sólo por joder
Amar, vivir amando,
si es que existe otra manera
de seguir viviendo.
lunes, 25 de marzo de 2013
Mercaderes del miedo
con su lealtad de fango
negocian los porcentajes de sangre
los datos de horror permitido
la cuota de desolación per cápita.
Trafican con la mentira
los mercaderes del miedo
inventan discursos ambiguos
se disfrazan con la dignidad del asesino
discuten la inmensidad de su propio abismo
manejan la cifra exacta de la desesperación
los mercaderes del miedo.
Se alimentan del hambre ajeno
se regodean como los cerdos
entre la miasma de las almas condenadas
y enseñan las fauces henchidas de ruindad
con el pútrido aliento del poderoso.
Los mercaderes del miedo
señalan con el dedo siempre hacia afuera
son los dueños del insulto y la moral
en partes exactamente proporcionales.
Torturan los sueños y persiguen las ideas
fagocitan la libertad de pensamiento
parece que a veces también tienen miedo
los mercaderes del miedo.
Se sienten inmunes los mercaderes del miedo
al fin y al cabo ellos inventaron el juego
pero sus sucios oídos sordos les impiden
escuchar el rumor que se levanta en las calles
anunciando que pronto llegará el momento
en que ya nadie les compre su mercancía.
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martes, 19 de marzo de 2013
Día del Padre
Sonríe, visiblemente satisfecho tras el último bocado de una excelente comida. Disimula, como si no supiese lo que viene a continuación. La mujer vuelve al comedor con los dos niños delante, casi empujándolos los obliga a avanzar con los paquetes en las manos, pugnando contra su extremada timidez. El primero es el pequeño, está tan nervioso cuando levanta el paquete que se le cae al suelo. Se escucha el sonido de algo al romperse mientras el temor se dibuja en los ojos azules del niño. Él recoge sonriendo el paquete y desenvuelve encantado lo que anteriormente fue un cenicero de arcilla con la palabra "Papá" escrita en tierna caligrafía infantil, ahora los dos "pas" están separados. Sin embargo a él parece no importarle cuando planta un beso en la frente sudorosa del pequeño.
La niña parece reacia al principio, pero obedece la plegaria que puede leer en el rostro de la mujer. Ofrece con cuidado su regalo, él parece realmente encantado con aquella corbata y como agradecimiento besa también la mejilla de la niña quien no puede evitar estremecerse.
La mujer entra ahora con una gran tarta de nata y chocolate y la niña le ayuda colocando los cuatro pequeños platos en la mesa ante la mirada de aprobación e inmensa felicidad que él emana. La mujer sujeta un cuchillo enorme dispuesta a cortar la tarta, titubea con él en la mano durante unos segundos, él se ve obligado a ayudarla sujetando su mano y guiándola con fuerza hacia el pastel. Ella corta tres pequeños pedazos y reserva para él el más grande. Los cuatro están ya sentados y él ha descorchado el cava, está a punto de decir unas palabras cuando observa los puntos rojos del láser en su pecho. Inmediatamente una voz impersonal y extraña grita frases comunes desde un altavoz a pocos metros de la casa. Él asiente a la mujer y contempla como huye despavorida con los niños a refugiarse en brazos de la policía. Se siente orgulloso de haberlos elegido uno a uno y ahora lamenta un poco el mal trago a que los ha sometido.Enciende un cigarro, hace un gesto hacia la escopeta que tiene apoyada junto a la pared,aún estando completamente seguro de que jamás llegará a alcanzarla. El primer disparo le destroza el hombro, está contento ya que al fin tuvo un Día del Padre como siempre soñó, solo lamenta, antes de caer, no haber tenido tiempo de probar la tarta.
La niña parece reacia al principio, pero obedece la plegaria que puede leer en el rostro de la mujer. Ofrece con cuidado su regalo, él parece realmente encantado con aquella corbata y como agradecimiento besa también la mejilla de la niña quien no puede evitar estremecerse.
La mujer entra ahora con una gran tarta de nata y chocolate y la niña le ayuda colocando los cuatro pequeños platos en la mesa ante la mirada de aprobación e inmensa felicidad que él emana. La mujer sujeta un cuchillo enorme dispuesta a cortar la tarta, titubea con él en la mano durante unos segundos, él se ve obligado a ayudarla sujetando su mano y guiándola con fuerza hacia el pastel. Ella corta tres pequeños pedazos y reserva para él el más grande. Los cuatro están ya sentados y él ha descorchado el cava, está a punto de decir unas palabras cuando observa los puntos rojos del láser en su pecho. Inmediatamente una voz impersonal y extraña grita frases comunes desde un altavoz a pocos metros de la casa. Él asiente a la mujer y contempla como huye despavorida con los niños a refugiarse en brazos de la policía. Se siente orgulloso de haberlos elegido uno a uno y ahora lamenta un poco el mal trago a que los ha sometido.Enciende un cigarro, hace un gesto hacia la escopeta que tiene apoyada junto a la pared,aún estando completamente seguro de que jamás llegará a alcanzarla. El primer disparo le destroza el hombro, está contento ya que al fin tuvo un Día del Padre como siempre soñó, solo lamenta, antes de caer, no haber tenido tiempo de probar la tarta.
sábado, 9 de marzo de 2013
Ausencias
Estoy convencido de que en mi casa ocurren sucesos paranormales. Yo jamás he creído en esas cosas, me considero un hombre cabal y sólo creo firmemente en Dios padre, pero los acontecimientos me obligan a convencerme de que algo extraño acontece en mi, hasta ahora, feliz hogar.
Todo comenzó esta mañana, me desperté insólitamente tarde tras un sueño profundo y espeso, el despertador no sonó a la hora indicada como cada mañana. Me encontraba embotado y con dolor de cabeza y noté como un ligero vacío, una falta de peso en la cama. Tuve que salir corriendo hacia el trabajo con la sensación de que algo no marchaba bien, era como si me olvidase de algo, como si faltara algo...
En el trabajo todo transcurrió con normalidad, los pedidos e informes, el mal humor de Molina, las bromas a Alicia y Raquel, las cervezas de después del trabajo con Menéndez y Solís, lo de todos los días. Fue al regresar a casa cuando de nuevo comenzaron a suceder cosas muy extrañas. Me metí en la ducha y al salir no me esperaba como siempre ropa limpia y recién planchada, aquello era terroríficamente sorprendente, me vi obligado a recorrer desnudo la casa (tampoco habían toallas limpias) y abrir el mueble ese dónde está la ropa, me vestí con lo que pude y sin ropa interior ya que, aunque resulte increíble, todas las mudas aparecieron mojadas dentro de ese artilugio blanco con un plástico redondo y transparente. Más tarde me senté en mi sillón y en la mesa no estaba mi cerveza fresca de siempre y el correspondiente plato de aceitunas. Pero eso no fue todo, esperé y esperé y no apareció ningún plato de comida caliente, ni cubiertos, ni servilletas, ni nada...
Estaba terriblemente asustado y hambriento, la televisión no se encendía sola y el mando parecía haber desaparecido por arte de magia. No sabía ya que hacer y empezaba a oscurecer y mi miedo aumentaba. Decidí ser valiente para no morirme de hambre y me adentré en aquella extraña habitación que creo que se llama cocina. El espectáculo era aterrador, los platos sucios se acumulaban por todas partes, el fregadero estaba a rebosar de cubiertos y vasos a los que alguna maligna fuerza había privado de su antiguo brillo. El suelo de toda la casa y los muebles estaban cubiertos de un polvo demoníaco. Me pregunté que clase de ente terrible era capaz de realizar tal cosa.
Ahora es casi medianoche y tengo hambre, sed y mucho miedo. No lo podrán creer pero en la nevera no había ninguna cerveza fresca, de hecho estaba vacía y sólo había un huevo. Llevo horas mirándolo, tratando de averiguar cómo demonios eso se convierte en eso otro comestible. Acabo de tener una visión, tal vez Dios haya decidido echarme una mano después de todo. Creo recordar, sí, me viene una imagen aunque borrosa, me levanto, vuelvo a la cocina y me detengo ante ese otro mueble con cuatro círculos de distintos tamaños, levanto uno y debajo hay un agujero, meto el huevo dentro, ahora echo también una cerilla. Sé que el gas está abierto, lo huelo...
Todo comenzó esta mañana, me desperté insólitamente tarde tras un sueño profundo y espeso, el despertador no sonó a la hora indicada como cada mañana. Me encontraba embotado y con dolor de cabeza y noté como un ligero vacío, una falta de peso en la cama. Tuve que salir corriendo hacia el trabajo con la sensación de que algo no marchaba bien, era como si me olvidase de algo, como si faltara algo...
En el trabajo todo transcurrió con normalidad, los pedidos e informes, el mal humor de Molina, las bromas a Alicia y Raquel, las cervezas de después del trabajo con Menéndez y Solís, lo de todos los días. Fue al regresar a casa cuando de nuevo comenzaron a suceder cosas muy extrañas. Me metí en la ducha y al salir no me esperaba como siempre ropa limpia y recién planchada, aquello era terroríficamente sorprendente, me vi obligado a recorrer desnudo la casa (tampoco habían toallas limpias) y abrir el mueble ese dónde está la ropa, me vestí con lo que pude y sin ropa interior ya que, aunque resulte increíble, todas las mudas aparecieron mojadas dentro de ese artilugio blanco con un plástico redondo y transparente. Más tarde me senté en mi sillón y en la mesa no estaba mi cerveza fresca de siempre y el correspondiente plato de aceitunas. Pero eso no fue todo, esperé y esperé y no apareció ningún plato de comida caliente, ni cubiertos, ni servilletas, ni nada...
Estaba terriblemente asustado y hambriento, la televisión no se encendía sola y el mando parecía haber desaparecido por arte de magia. No sabía ya que hacer y empezaba a oscurecer y mi miedo aumentaba. Decidí ser valiente para no morirme de hambre y me adentré en aquella extraña habitación que creo que se llama cocina. El espectáculo era aterrador, los platos sucios se acumulaban por todas partes, el fregadero estaba a rebosar de cubiertos y vasos a los que alguna maligna fuerza había privado de su antiguo brillo. El suelo de toda la casa y los muebles estaban cubiertos de un polvo demoníaco. Me pregunté que clase de ente terrible era capaz de realizar tal cosa.
Ahora es casi medianoche y tengo hambre, sed y mucho miedo. No lo podrán creer pero en la nevera no había ninguna cerveza fresca, de hecho estaba vacía y sólo había un huevo. Llevo horas mirándolo, tratando de averiguar cómo demonios eso se convierte en eso otro comestible. Acabo de tener una visión, tal vez Dios haya decidido echarme una mano después de todo. Creo recordar, sí, me viene una imagen aunque borrosa, me levanto, vuelvo a la cocina y me detengo ante ese otro mueble con cuatro círculos de distintos tamaños, levanto uno y debajo hay un agujero, meto el huevo dentro, ahora echo también una cerilla. Sé que el gas está abierto, lo huelo...
viernes, 1 de marzo de 2013
Versiones de Juan
...marido y hombre ejemplar, cariñoso con sus hijos, mi esposo era una persona intachable, no entiendo qué ha pasado...uno de los pilares de nuestra sociedad, hombre de Fe que siempre acudía a la casa del Señor con su familia y ayudaba a propagar la la labor de nuestra Iglesia...sí, claro que era despiadado, este negocio es así, ¿sabe? si quieres triunfar hay que dejar a algunos por el camino, en realidad era el mejor en lo suyo...no tengo palabras, ¿más café? mi hijo era un santo y todo eso que están diciendo ahora, sólo quieren destruir su memoria, disculpe no puedo segu...estaba enganchada a él, yo lo quería a pesar de todo, soy así de tonta, a pesar de sus plantones, de saber que nunca dejaría a su mujer, de que a veces me daba miedo cuando se ponía algo violento, ya sabe como son ustedes los hombres...en el colegio era un líder nato, todos le seguíamos incondicionalmente, me jode porque era mi amigo, un gran tipo, no merecía acabar así, ¿disculpe? no, que va, bueno lo cierto es que hubo una vez...nuestro partido quiere aclarar que la relación con el finado terminó hace tiempo y se desvincula de cualquier posible actuación que pudiera manchar la impecable...a mi ya me da igual, yo voy a pagar por lo mío y no voy a salir en mi vida de esta puta celda, puedo largarlo todo, ese tío, mire que he visto cosas raras en mi vida pero...cosas de niños, pero aquello que le hizo a un pobre gato...si, me pegaba y le gustaban cosas un poco raras en la cama, pero, siéntese, ande, tomese una copa conmigo, me siento tan sola...un hombre como los de antes, recto y estricto pero amable...conocido como uno de los mayores empresarios...yo no me alegro, no le deseo el mal a nadie pero las familias que dejó en la calle...un cerdo, aquí en el club todas lo temíamos pero lo tapaba con dinero...de las mayores fortunas...usted no sabe de lo que era capaz...como Dios manda, más como él harían falta...extrañas circunstancias...
miércoles, 30 de enero de 2013
A cierta edad
A cierta edad la prisa es sólo un vacío
que te empeñas en alimentar
A cierta edad la memoria es un bosque sombrío
al que no apetece regresar
A cierta edad se supone que eres un hombre
derecho y que te has hecho un nombre
A cierta edad la edad es incierta
y la vida una herida abierta
A cierta edad no existe certeza
ni se acaba la incertidumbre
la escarcha cubre tu cabeza
como la nieve en la cumbre
A cierta edad uno se acostumbra
a llevar prendida la penumbra
y existe un número inmundo
que cuenta tus días en el mundo
A cierta edad la utopía
muere en manos del sarcasmo
y los años de rebeldía
son ya lejano entusiasmo
A cierta edad tener alma de poeta
va perdiendo ya la gracia
cada verso es burocracia
en el bolsillo de una ajada chaqueta
Hoy cumplo cierta edad
"tan joven y tan viejo"
y en honor a la verdad
y a lo que veo en el espejo
todavía me queda algún cartucho
y tampoco he cambiado mucho.
que te empeñas en alimentar
A cierta edad la memoria es un bosque sombrío
al que no apetece regresar
A cierta edad se supone que eres un hombre
derecho y que te has hecho un nombre
A cierta edad la edad es incierta
y la vida una herida abierta
A cierta edad no existe certeza
ni se acaba la incertidumbre
la escarcha cubre tu cabeza
como la nieve en la cumbre
A cierta edad uno se acostumbra
a llevar prendida la penumbra
y existe un número inmundo
que cuenta tus días en el mundo
A cierta edad la utopía
muere en manos del sarcasmo
y los años de rebeldía
son ya lejano entusiasmo
A cierta edad tener alma de poeta
va perdiendo ya la gracia
cada verso es burocracia
en el bolsillo de una ajada chaqueta
Hoy cumplo cierta edad
"tan joven y tan viejo"
y en honor a la verdad
y a lo que veo en el espejo
todavía me queda algún cartucho
y tampoco he cambiado mucho.
lunes, 21 de enero de 2013
Un gran profesional
Decide sobreponerse, levantarse y hacer su trabajo, superar el vértigo abismal. Primero debe limpiar su propio vómito, dejarlo todo de nuevo impoluto, conseguir vencer el temblor de sus manos, sabe que no puede abrir las ventanas para que entre aire puro ni utilizar un ambientador demasiado agresivo. Sabe que hace frío, pero él siente un calor interior fuerte y pegajoso, elige las fórmulas más indicadas, aplica las cantidades necesarias, trata de evitar lo inevitable, de aparentar lo imposible.
Utiliza diversos pinceles, jabón, adhesivo, algodón, maneja con destreza de artesano las tijeras, la cuchilla, la espátula, el yeso, ahora consigue estar concentrado en su obra, ya nada le distrae, el miedo y el vértigo han huido, tal vez los ahuyentó el trabajo firme, seguro, la noche afuera que los llama.
Decide que estaría bien un poco más de polvos, observa el resultado y sabe que ya ha acabado, no puede evitar derrumbarse de nuevo, lucha por erguirse de nuevo, espera, todavía falta algo.
La gente se maravilla, alaba su obra, sus compañeros se sorprenden y se preguntan quién lo ha hecho.
— Es cómo si fuese uno de sus trabajos. — Dice uno de ellos.
— Es cómo si todavía estuviese vivo. — Gime una señora con lágrimas en los ojos.
Sólo entonces comienza a desvanecerse.
Utiliza diversos pinceles, jabón, adhesivo, algodón, maneja con destreza de artesano las tijeras, la cuchilla, la espátula, el yeso, ahora consigue estar concentrado en su obra, ya nada le distrae, el miedo y el vértigo han huido, tal vez los ahuyentó el trabajo firme, seguro, la noche afuera que los llama.
Decide que estaría bien un poco más de polvos, observa el resultado y sabe que ya ha acabado, no puede evitar derrumbarse de nuevo, lucha por erguirse de nuevo, espera, todavía falta algo.
La gente se maravilla, alaba su obra, sus compañeros se sorprenden y se preguntan quién lo ha hecho.
— Es cómo si fuese uno de sus trabajos. — Dice uno de ellos.
— Es cómo si todavía estuviese vivo. — Gime una señora con lágrimas en los ojos.
Sólo entonces comienza a desvanecerse.
jueves, 10 de enero de 2013
La raza maldita
Inspirado en un reportaje visto en el programa Cuarto Milenio.
De pequeño solía preguntarle a mi tío Pedro porqué los hombres del pueblo habían construido ese muro para separar nuestras casas de ellos, o porqué al entrar en la iglesia nos veíamos obligados a hacerlo por una puerta pequeña que obligaba a las mujeres—porque los hombres no acudían a misa—a hacerlo agachando la cabeza.
Mi tío Pedro solía contestar mirando hacia el horizonte o disimulando mientras limpiaba alguna herramienta, como si mis preguntas removieran en su interior un dolor antiguo y olvidado. Solía decirme que los hombres temen a lo que no conocen y ese temor les hace ser crueles con los que no son como ellos. Cuando cumplí once años mi tío Pedro me contó la historia del día que nací, que fue también el día en que mi padre murió.
No lloré al nacer, como no llora nadie de nuestra raza, pero al salir del vientre de mi madre mi padre notó que mi piel tenía un tono azulado y que no podía respirar. No tenemos médico entre las treinta familias que vivimos al otro lado del muro, de modo que mi padre no se lo pensó y envolviéndome en una manta se dirigió con paso firme hacia la puerta jamás atravesada. Mi tío y otros cuatro hombres lo siguieron no sin antes hacer acopio de todo lo que pudiera ser utilizado como arma. Los otros ya los esperaban cuando abrieron la puerta y comenzó una terrible batalla campal mientras mi tío y los otros hombres trataban de abrir paso a mi padre. Él no peleaba, sólo recibía golpes y continuaba avanzando, tratando de llegar a la casa del médico. Al verlo continuar con paso vacilante pero seguro, protegiendo a su recién nacido contra su pecho y sangrando por la cabeza y la nariz, la mayoría de las gentes del pueblo que habían acudido por curiosidad o para unirse a la refriega se quedaron quietas y el silencio se adueñó de lo que antes había sido un mar de gritos de odio.
Mi padre siguió caminando con el paso vacilante y a la vez seguro mientras el médico ya lo esperaba a la puerta de su casa. Quedaría sólo un metro cuándo un insulto rasgó aquel extraño silencio y una piedra golpeó la sien de mi padre haciéndolo caer al suelo. El médico sujetó a tiempo mi pequeño cuerpo.
Yo pude sobrevivir gracias al oxigeno que el médico me administró, pero las heridas de mi padre fueron mortales.
Desde entonces nadie más ha vuelto a cruzar el muro. Yo fui creciendo teniendo muy presente en mi memoria la terrible historia de mi padre, seguía sin comprender el odio de la gente del pueblo hacia los de mi raza y esa incomprensión se tornaba en curiosidad por saber qué era lo que nos hacía diferentes, lo que tanto despreciaban de la gente al otro lado del muro.
Tenía diecisiete años cuando descubrí por casualidad el agujero. Lo tapaban unos matorrales espesos y quedaba a la altura en que el muro comenzaba a ascender desde el suelo, desde la parte del pueblo estaba parcialmente tapado por un grueso árbol que se encontraba a escasos centímetros. Era difícil que nadie de ambos lados lo descubriera, a no ser que se agacharan por casualidad en ese preciso lugar.
A partir de ese día pasaba todas las tardes y mis ratos libres tumbado, observando la vida de los habitantes del pueblo desde aquel privilegiado escondite. Si alguien se acercaba demasiado me resultaba fácil esconderme entre los matorrales para no ser descubierto.
Contemplaba sus idas y venidas, sus fiestas y duelos, los trabajos que realizaban y hasta sus secretos, envidias y amores. Lo extraño era que cuánto más los observaba menos diferencia encontraba entre su forma de vida y la nuestra, un poco más bohemia quizá, pero nada que explicara aquel odio visceral.
Fue entonces cuando conocí a Almudena. Un día estaba ensimismado contemplando jugar a los chicos del colegio cuándo de pronto un rostro de niña apareció frente a mí, sus ojos azules se quedaron mirándome fijamente con más curiosidad que extrañeza o miedo. Salí corriendo temiendo que se pusiera a gritar para dar la alarma. Aquella noche no pude dormir recordando aquellos ojos. Esperé dos días antes de volver a asomarme por el agujero para estar seguro de que la chica no habría alertado a los suyos. Al poco rato aquella cara angelical volvió a aparecer al otro lado del muro, esta vez sonriendo. A partir de aquel día nos veíamos todas las tardes y hablábamos sin parar, Almudena tenía dieciséis años y tampoco comprendía nada de las cosas de los mayores. A ella le habían tratado de inculcar aquel miedo en forma de odio hacia los que eran como yo, pero ella tampoco lo comprendía ni era capaz de sentir desprecio por personas que le parecían sus semejantes.
Pronto comenzamos a alimentar la idea de marcharnos juntos de aquel lugar, a algún sitio en el que las personas pudieran vivir en paz y sin muros que los separaran. El día anterior a mi cumpleaños acordamos que lo haríamos aquella misma noche. En cuanto el sol se puso dejando su lugar a una amplia y brillante luna acudimos al hueco en el muro, yo llevaba un hatillo con ropa y algunos víveres y ella cruzó arrastrándose sin dificultad hacia mi lado. Ocultos entre las sombras pero amparados en la blanca luz de la luna dejamos atrás las casas de los míos y comenzamos a subir la colina, el plan era bajar hasta el pueblo del valle, al que llegaríamos entrada la mañana del cuarto o quinto día de viaje, y coger algún barco que nos llevara lejos, no nos importaba dormir a la intemperie, pues conocíamos de sobra la zona.
Llegamos a un claro que había mucho antes de llegar a la cima y le dije a Almudena que pararíamos a descansar. La inmensa luna parecía a punto de estallar justo encima de nosotros y desprendía una luz fantasmal sobre nuestras siluetas.
Entonces comenzaron a surgir del bosque, su hermoso pelaje parecía bañarse de plata en aquella atmósfera irreal mientras mostraban sus enormes colmillos como una especie de ofrenda. Serían unos treinta y uno de ellos de pelo negro se adelantó con pasos majestuosos y tranquilos.
Al ver a los lobos Almudena gritó y corrió hacia mí buscando protección y socorro, pero cuando comprobó con horror que yo me había transformado en uno de ellos sólo fue capaz de emitir un gemido sordo y quedar paralizada por el pánico.
Mi tío Pedro, como jefe de la manada, asestó el primer mordisco y de esta forma yo entregué mi primera víctima a mi pueblo, como hacen los de mi raza desde tiempos inmemoriales.
viernes, 4 de enero de 2013
Resistencia
Ayer
cayó otro de los nuestros. Ese maldito chico, quién le mandaría
exponerse de esa manera. Todos llegan aquí con el mismo brillo en
los ojos y la insolencia grabada en su rostro, no importa cuántas
veces trates de explicarles cómo son las cosas, que esto no es un
juego, que la mejor manera de vencer es muchas veces pasar
inadvertido. Cuántos de ellos te miran como si no fueses más que un
viejo chiflado y lo peor es que quizá tengan razón.
El
muy idiota se creía un héroe, habíamos salido de patrulla a plena
luz del día en contra de mi voluntad porque era necesario encontrar
víveres ya que los alimentos comenzaban a escasear de manera más
que alarmante. Entonces nos topamos con aquel control imprevisto que
nos cortaba el paso y el chico desobedeció mi orden de aguardar
escondidos hasta el anochecer. Cayeron sobre él de inmediato,
eliminándolo con una facilidad tan cruel como insultante. Pero lo
cierto es que su maniobra nos ayudó a escapar al resto, el chico del
demonio dio su vida por nosotros y yo no dejo de pensar que no era
necesario, que nadie se lo pidió.
A
esos jóvenes no hay manera de meterles las cosas en la cabeza. Hay
que moverse con rapidez pero también con sigilo y agilidad, nunca
debemos ser descubiertos, siendo capaces de aguardar hasta el momento
oportuno. Ellos son mucho más fuertes, están mejor armados y jamás
hacen rehenes. Nuestra ventaja reside precisamente en la seguridad
que ellos tienen sobre la superioridad de su pueblo. Llevan siglos
dominando, masacrando y extinguiendo a lo que ellos consideran razas
inferiores. Cada vez inventan nuevas armas más mortales que las
anteriores, con nosotros antes utilizaban el cuerpo a cuerpo pero
ahora ni siquiera se dignan a ensuciarse las manos, usan armas
químicas sumamente letales con las que no es necesaria la batalla,
sólo tienen que esparcir el producto por el aire y esperar a que el
veneno haga su trabajo.
Sin
embargo tengo la certeza de que la victoria final será nuestra, sé
que nuestros enemigos acabarán destruyéndose a sí mismos con su
propia ambición. Tan solo debemos ser capaces de resistir, nosotros
estábamos en este planeta desde mucho antes que ellos y hemos sido
capaces de adaptarnos y evolucionar en cualquier circunstancia, por
cada uno de nosotros que caiga surgirán miles, millones, más
preparados y mejorados genéticamente.
Por
eso estoy seguro que cuando no quede rastro del paso del ser humano
por este planeta, nosotras, las cucarachas, conseguiremos nuestro
ansiado reinado.
martes, 1 de enero de 2013
Los amigos
No era capaz de desembarazarme de aquella extraña sensación de impostura que me atenazaba desde hacía tres días. Exactamente desde que colgué el teléfono tras confirmarle a Ernesto mi asistencia a la reunión de viejos amigos. Hacía siglos que no hablaba con él, algún correo esporádico o llamada telefónica fugaz para comunicarnos alegres nacimientos, bodas insospechadas o muertes inesperadas, las obligadas felicitaciones en fechas señaladas y algún encuentro espaciado a lo largo de los años. Lo normal entre amigos desde la adolescencia que ya rondábamos los cuarenta y a los que el matrimonio, los hijos, o la carga de trabajo habían ido separando de manera paulatina pero irremediable.
Ernesto había sido mi mejor amigo desde aquellos tiempos remotos en los que saltamos del Instituto a la Universidad, ingenuos idiotas seguros de comernos el mundo. En realidad ese contacto esporádico con Ernesto era el único que mantenía en la actualidad con algún miembro de nuestra antigua pandilla formada por unos diez compañeros inseparables.
Hacía tres o cuatro semanas que Ernesto había comenzado a llamarme por teléfono para contarme que estaba contactando con los antiguos amigos para organizar una cena en la que poder reunirnos y, según sus palabras, retomar nuestra amistad en el punto en la que la habíamos dejado. Yo no tenía ni la menor idea de a qué demonios se refería con aquello de retomar la amistad y en realidad la idea no me seducía en absoluto, pero al escuchar el tono tan emocionado de mi amigo le seguí la corriente seguro de que su propósito de reunirnos a todos no llegaría a buen puerto.
Por supuesto me equivocaba, gracias a las redes sociales Ernesto había sido capaz de reunir a todos los antiguos camaradas que además se habían mostrado encantados ante la iniciativa.
De modo que, sin saber muy bien porqué, me encontraba frente al restaurante elegido por Ernesto media hora antes de la hora indicada y con aquella sensación que me hacía sentirme como un impostor, un extraño tratando de infiltrarse en una fiesta a la que nadie había invitado. Y es que en mi interior tenía la certeza de que yo no era la persona que ellos esperaban, no era el Julio Hernández que ellos habían conocido. Aquel joven de labia endiablada y mordaz capaz de discutir sobre cualquier tema y con un punto de vista único y original había desaparecido convirtiéndose en un hombrecillo gris y vulgar de vida rutinaria y anodina.
Pensé seriamente en la posibilidad de dar media vuelta y volver sobre mis pasos, pero en ese preciso momento observé como Ernesto me llamaba desde dentro del restaurante. Estaba sentado en la barra acompañado de un tipo grueso y calvo en el que me costó reconocer a Pedro, el joven flacucho de pelo abundante y rizado que había sido durante años el miembro más joven de la pandilla. No tuve más remedio que entrar y unirme a ellos, soportando con estoicismo sus efusivos abrazos, preguntas de cortesía y halagos sobre lo bien que me conservaba.
Poco después comenzaron a llegar los demás, Juan, Jorge, Helena, todos igualmente cambiados e irreconocibles a primera vista. Incluso Marisa, la encantadora y bella muchacha que había sido mi primer amor, la joven voluptuosa que volvía locos a los hombres y se consideraba un espíritu libre, se había tornado ahora en una mujerona con varios kilos de más que sólo hablaba de sus tres hijos y de las virtudes de su marido.
La cena comenzó como era previsto con gran camaradería y emoción, tras repasar las actuales vidas, trabajos y familias de cada uno de nosotros se dio paso al inevitable momento de las anécdotas. Sorprendentemente la sensación que me angustiaba desde mucho antes de la velada fue desapareciendo poco a poco y me iba sintiendo cada vez más cómodo entre aquellos que habían formado parte de los mejores años de mi vida. Corría el alcohol, el buen humor y la complicidad, de modo que comencé a pensar que había sido un tonto por haber tenido tantas reticencias ante aquella reunión.
Sin embargo, tras ahogarse las carcajadas provocadas por la última anécdota contada por Pedro, un extraño silencio se apoderó de todos los comensales. Lo que parecía un silencio incómodo pero comprensible se fue alargando por demasiado tiempo. Me pareció advertir en las miradas de cada uno de los allí presentes cierto halo de extrañeza, como cuando alguien se despierta de un sueño profundo sin recordar el lugar en el que se encuentra. Los únicos que parecíamos ajenos a ese repentino estado de ánimo éramos Ernesto y yo.
De hecho Ernesto, seguramente obligado por su condición de organizador del evento, trató de retomar el tono por el que hasta entonces había transcurrido la velada comenzando a narrar otra antigua y divertida historia. Pero al terminar el grupo de amigos se quedó mirándolo fijamente con expresión sombría y amenazante. Entonces fue cuando todo estalló de manera absurda y violenta, no sé muy bien cuál fue el detonante, pero creo que lo que encendió la mecha fue que Pedro se adelantara a Jorge para hacerse con la última croqueta que quedaba en el plato, este último le arreó un tremendo puñetazo en la cara sin pensárselo dos veces. Y de esta forma comenzó una auténtica batalla campal en la que llovieron golpes, volaron platos y cubiertos y se escucharon los más horribles improperios. Ernesto y yo contemplábamos incrédulos aquel fraternal combate en el que tanto mujeres como hombres se empeñaban con una saña incomprensible y cruel. Cuando los camareros hartos de tratar en vano de poner paz avisaron a la policía le hice un gesto a Ernesto para indicarle que era el momento de marcharse de allí.
Salimos del restaurante aprovechando la confusión y nos alejamos con paso rápido y decidido poniendo un par de calles de distancia. Al llegar a un cruce nos detuvimos por fin y encendimos cada uno un cigarrillo, habíamos caminado en silencio el uno junto al otro cavilando sobre lo que había sucedido. Ernesto comenzó a hablar visiblemente escandalizado por la conducta de nuestros antiguos camaradas y jurando que era la última vez que se le ocurría una idea de ese estilo. Yo le di la razón todavía aturdido y sorprendido ante aquel extraño comportamiento. Entonces se hizo un silencio entre nosotros, ninguno de los dos parecía tener más que decir. Ernesto volvió a romper el hielo despidiéndose y prometiendo llamarme, me dijo que se iba a casa y yo le dije que haría lo mismo. Nos dimos un apretón de manos y cada uno tomó una dirección distinta.
Ernesto me había mentido, para ir a su casa tenía que haber continuado por la misma calle por la que yo caminaba ahora. Seguramente no quiso seguir caminando conmigo, pero no me importó ya que de manera extraña desde hacía un rato me invadía una agradable sensación de felicidad y seguridad en mí mismo.
sábado, 22 de diciembre de 2012
Un sombrero por Navidad
Estas Navidades lo tengo claro, no quiero que me regalen libros, ni películas, ni discos, y mucho menos calcetines o corbatas. Todo lo que quiero es un sombrero. Un sombrero no de esos ridículos que parecen estar de moda, ni vaquero ni de copa. Quiero un sombrero como el que llevaría Bogart o Hermann Hesse o alguno de nuestros abuelos. Un sombrero elegante y funcional que me proteja del frío y que diga a la gente que me mire que por allá va un caballero. Un sombrero que me quede bien calado para que no se me escapen las extrañas ideas que a cualquier hora me acechan y poder apresarlas más tarde en papel y tinta. Un sombrero como símbolo de que me equivoqué de época y de lugar, que pueda quitarme al ver pasar a una dama, para mostrar mi admiración ante algún artista y cuando entre en casa de un amigo.
Lo tengo decidido, llevaré mi sombrero allá dónde vaya, hasta que se convierta en otra extremidad de mi cuerpo o de mi espíritu. Un sombrero para mirar de soslayo y por debajo del ala las cosas que no me gustan, un sombrero con el que en ocasiones pueda ocultar mi rostro ante la iniquidad del mundo y la inquisición de mis pecados.
Un sombrero para llevarlo ladeado con infinita arrogancia.
Un sombrero diseñado por algún Sombrerero loco.
Un sombrero que sea el acto invisible de un poeta.
Un sombrero que poder lanzar al aire en los días de júbilo, en el que depositar las monedas que el Clochard pide por sus versos, en el que guardar poemas secretos y mapas del tesoro. Un sombrero para nunca olvidarlo sobre tu cama, un sombrero con el que caminar bajo la lluvia por las calles gastadas de ciudades jamás nombradas, un sombrero que recoger del suelo y desempolvar tras mis continuas caídas y eternas alzadas.
Lo tengo decidido, llevaré mi sombrero allá dónde vaya, hasta que se convierta en otra extremidad de mi cuerpo o de mi espíritu. Un sombrero para mirar de soslayo y por debajo del ala las cosas que no me gustan, un sombrero con el que en ocasiones pueda ocultar mi rostro ante la iniquidad del mundo y la inquisición de mis pecados.
Un sombrero para llevarlo ladeado con infinita arrogancia.
Un sombrero diseñado por algún Sombrerero loco.
Un sombrero que sea el acto invisible de un poeta.
Un sombrero que poder lanzar al aire en los días de júbilo, en el que depositar las monedas que el Clochard pide por sus versos, en el que guardar poemas secretos y mapas del tesoro. Un sombrero para nunca olvidarlo sobre tu cama, un sombrero con el que caminar bajo la lluvia por las calles gastadas de ciudades jamás nombradas, un sombrero que recoger del suelo y desempolvar tras mis continuas caídas y eternas alzadas.
domingo, 9 de diciembre de 2012
Deslealtad de los sueños
Y ahora sólo me queda
fumar mirando el cielo
desde la ventana de unos ojos cerrados
haciendo inventario de derrotas,
acopio de viejos y nuevos fracasos.
Mientras contemplo, lejana, una paloma
cuyo vuelo esgrime promesas de magia
que devoran mi alma con el agrio
sabor de la renuncia.
Por miedo a convertirme en lo que desprecio
por el desprecio que siento al sentir miedo,
una vez más aparté lo sublime de mi camino
con la gastada coartada de lo imposible.
Una vez más detesto la deslealtad de los sueños
el aire corrupto de su onírica belleza
los cachorros de nieve escondidos
entre círculos azules
y su néctar de dulce incendio ofrecido
y que sé que jamás me podrá ser entregado.
fumar mirando el cielo
desde la ventana de unos ojos cerrados
haciendo inventario de derrotas,
acopio de viejos y nuevos fracasos.
Mientras contemplo, lejana, una paloma
cuyo vuelo esgrime promesas de magia
que devoran mi alma con el agrio
sabor de la renuncia.
Por miedo a convertirme en lo que desprecio
por el desprecio que siento al sentir miedo,
una vez más aparté lo sublime de mi camino
con la gastada coartada de lo imposible.
Una vez más detesto la deslealtad de los sueños
el aire corrupto de su onírica belleza
los cachorros de nieve escondidos
entre círculos azules
y su néctar de dulce incendio ofrecido
y que sé que jamás me podrá ser entregado.
sábado, 24 de noviembre de 2012
Las causas y los efectos
Sus revolucionarias teorías se habían hecho muy famosas pese al rechazo en masa del resto de sus colegas de profesión. Psicología forense, era el nombre que daba a esa extraña manera de certificar las causas de un deceso que el mismo había inventado y no dudaba en aplicar basándose en dudosas investigaciones y estudios que publicó en varios libros de enorme éxito.
De modo que cuando aquel joven, laureado, y prometedor poeta apareció muerto con las venas seccionadas en su bañera, él certificó sin pestañear como causa de la muerte Melancolía en grado letal.
Del conocido empresario y poderoso hombre de negocios cuya cabeza amaneció un buen día con un agujero de bala a modo de bizarro adorno, dijo que había muerto debido a Una alarmante avaricia propia con dosis de envidia ajena.
La actriz madura y ya olvidada que murió al resbalarse en la ducha y ser devorada por sus 42 gatos, falleció según nuestro protagonista por Una mezcla mortal de soledad, olvido y mal entendido amor animal.
El futbolista que comprobó la imposibilidad de ocupar el mismo espacio físico con su Ferrari que un Camión de ochenta toneladas pasó a mejor vida debido a Un espíritu competitivo demasiado arraigado.
Estos eran los casos más mediáticos, los que le valieron numerosas apariciones en Radios, Televisiones y prensa y le llevaron a impartir conferencias en distintas Universidades frente a nutridos auditorios de expectantes estudiantes de Medicina, Filosofía o incluso Bellas Artes.
Por supuesto también diagnosticaba causas de muertes anónimas, la gente se moría de Pobreza galopante,Grave tendencia a discutir, Despiste en fase avanzada, Aburrimiento en grado 10, Despecho, Escarnio, Egoísmo, Lujuria inoperable,Ridiculez congénita, Acumulación de mal carácter,Nula asimilación de la mediocridad, o incluso de Estúpidez irremediable o Idiotez hereditaria sin posibilidad de cura, según los casos.
La fama de nuestro hombre no paraba de crecer en progresión con el odio más profundo que cada día le profesaban el resto de profesionales del mundo entero, quienes consideraban esa forma de certificar una muerte cómo un compendio de paparruchas sin sentido.
Por eso cuándo nuestro protagonista cayó fulminado sin previo aviso en mitad de una conferencia para la Asociación de Amas de Casa Católicas y Armadas de Northomb, todos ellos firmaron de manera unánime un documento que certificaba la causa de la muerte como:
Exceso de vanidad en grado avanzado mezclado en dosis letal con un gusto alarmante por la charlatanería.
De modo que cuando aquel joven, laureado, y prometedor poeta apareció muerto con las venas seccionadas en su bañera, él certificó sin pestañear como causa de la muerte Melancolía en grado letal.
Del conocido empresario y poderoso hombre de negocios cuya cabeza amaneció un buen día con un agujero de bala a modo de bizarro adorno, dijo que había muerto debido a Una alarmante avaricia propia con dosis de envidia ajena.
La actriz madura y ya olvidada que murió al resbalarse en la ducha y ser devorada por sus 42 gatos, falleció según nuestro protagonista por Una mezcla mortal de soledad, olvido y mal entendido amor animal.
El futbolista que comprobó la imposibilidad de ocupar el mismo espacio físico con su Ferrari que un Camión de ochenta toneladas pasó a mejor vida debido a Un espíritu competitivo demasiado arraigado.
Estos eran los casos más mediáticos, los que le valieron numerosas apariciones en Radios, Televisiones y prensa y le llevaron a impartir conferencias en distintas Universidades frente a nutridos auditorios de expectantes estudiantes de Medicina, Filosofía o incluso Bellas Artes.
Por supuesto también diagnosticaba causas de muertes anónimas, la gente se moría de Pobreza galopante,Grave tendencia a discutir, Despiste en fase avanzada, Aburrimiento en grado 10, Despecho, Escarnio, Egoísmo, Lujuria inoperable,Ridiculez congénita, Acumulación de mal carácter,Nula asimilación de la mediocridad, o incluso de Estúpidez irremediable o Idiotez hereditaria sin posibilidad de cura, según los casos.
La fama de nuestro hombre no paraba de crecer en progresión con el odio más profundo que cada día le profesaban el resto de profesionales del mundo entero, quienes consideraban esa forma de certificar una muerte cómo un compendio de paparruchas sin sentido.
Por eso cuándo nuestro protagonista cayó fulminado sin previo aviso en mitad de una conferencia para la Asociación de Amas de Casa Católicas y Armadas de Northomb, todos ellos firmaron de manera unánime un documento que certificaba la causa de la muerte como:
Exceso de vanidad en grado avanzado mezclado en dosis letal con un gusto alarmante por la charlatanería.
sábado, 10 de noviembre de 2012
GALERÍA DE MONSTRUOS: Fantasma (La terrible pregunta)
Entonces todo se convierte en un duelo entre la razón y la realidad, si es que se puede denominar realidad a esto que ahora me ocurre o que parece ocurrirme.
Porque la razón me dicta que es imposible, que no puede suceder lo que veo que sucede; las velas del candelabro encendiéndose o apagándose al capricho de alguna mano invisible, las puertas que se abren sin mediación de ráfaga de aire, los lamentos que proceden de lo alto de la torre, huérfanos de cualquier presencia humana...
Y de este modo recorro las estancias de este antiguo castillo al que ya contemplan cuatro siglos, hogar de todos los miembros de mi linaje que vivió tiempos mejores de esplendor y grandeza. Subo las angostas escaleras, me detengo en la sala de armas cuando creo advertir cómo una de las huecas armaduras ha movido levemente uno de sus brazos, comienzo a correr enfurecido intentando encontrar al autor de tan macabra chanza y me desespero de nuevo ante la certeza de estar completamente solo en tan decadente escenario.
Un temor gélido se apodera de mi alma, estoy convencido de que una presencia malsana me acompaña en estos días y noches eternas y no acierto a comprender su naturaleza.
Vago por mis dominios como en una ensoñación, presa del miedo y la soledad a menudo rememoro mi vida pasada cuándo era dueño y señor de todas las tierras del contorno. Rico, poderoso y respetado, mi apellido era temido allende los mares hasta aquél aciago día en que una daga blandida por una amante despechada sesgó mi vida y me condenó a permanecer eternamente entre los muros de mi castillo...Pero, esperad, ¿no lo oís? ahí están de nuevo esos escalofriantes gemidos, de nuevo las puertas se abren solas y escucho pasos pesados que parecen subir la escalera...
Entonces surge la terrible pregunta que desde hace tiempo me atormenta: ¿Qué puede asustar a un fantasma?
Porque la razón me dicta que es imposible, que no puede suceder lo que veo que sucede; las velas del candelabro encendiéndose o apagándose al capricho de alguna mano invisible, las puertas que se abren sin mediación de ráfaga de aire, los lamentos que proceden de lo alto de la torre, huérfanos de cualquier presencia humana...
Y de este modo recorro las estancias de este antiguo castillo al que ya contemplan cuatro siglos, hogar de todos los miembros de mi linaje que vivió tiempos mejores de esplendor y grandeza. Subo las angostas escaleras, me detengo en la sala de armas cuando creo advertir cómo una de las huecas armaduras ha movido levemente uno de sus brazos, comienzo a correr enfurecido intentando encontrar al autor de tan macabra chanza y me desespero de nuevo ante la certeza de estar completamente solo en tan decadente escenario.
Un temor gélido se apodera de mi alma, estoy convencido de que una presencia malsana me acompaña en estos días y noches eternas y no acierto a comprender su naturaleza.
Vago por mis dominios como en una ensoñación, presa del miedo y la soledad a menudo rememoro mi vida pasada cuándo era dueño y señor de todas las tierras del contorno. Rico, poderoso y respetado, mi apellido era temido allende los mares hasta aquél aciago día en que una daga blandida por una amante despechada sesgó mi vida y me condenó a permanecer eternamente entre los muros de mi castillo...Pero, esperad, ¿no lo oís? ahí están de nuevo esos escalofriantes gemidos, de nuevo las puertas se abren solas y escucho pasos pesados que parecen subir la escalera...
Entonces surge la terrible pregunta que desde hace tiempo me atormenta: ¿Qué puede asustar a un fantasma?
sábado, 27 de octubre de 2012
Ustedes y nosotros
Ustedes son la miasma que emponzoña esta sociedad, para ustedes nosotros sólo somos un voto o una cifra, ustedes se aferran de manera obscena al poder porque sin ese poder no son nada, nosotros luchamos por la dignidad,
ustedes no tienen ni tan siquiera la grandeza de ser monstruos magníficos, son tristes señores grises y mediocres,
nosotros tenemos la decencia del hambre,
ustedes la avaricia como brújula,
nosotros la defensa de nuestros sueños,
ustedes la religión del dinero,
nosotros la mirada orgullosa de nuestros hijos,
ustedes la mentira como gesto,
nosotros la esperanza como bandera,
ustedes la violencia como respuesta,
nosotros la alegría como arma,
ustedes el desprecio que les devuelve el espejo,
nosotros el orgullo del esfuerzo,
ustedes el verbo deliberadamente ambiguo,
nosotros somos el poeta, el pintor y el músico,
ustedes las aves carroñeras,
nosotros somos la madre que hace cuentas para alcanzar el final del mes,
ustedes las hipócritas de mantilla e iglesia,
ustedes los que se fuman puros mientras sentencian a muerte, nosotros el cansancio al final de la jornada,
ustedes la demagogia y la manipulación,
nosotros la voz de la libertad,
ustedes pútridas almas que venderían a su madre por un asiento.
Ustedes no tienen nada que ver con nosotros, entonces, ¿Qué les da tanto derecho?
ustedes no tienen ni tan siquiera la grandeza de ser monstruos magníficos, son tristes señores grises y mediocres,
nosotros tenemos la decencia del hambre,
ustedes la avaricia como brújula,
nosotros la defensa de nuestros sueños,
ustedes la religión del dinero,
nosotros la mirada orgullosa de nuestros hijos,
ustedes la mentira como gesto,
nosotros la esperanza como bandera,
ustedes la violencia como respuesta,
nosotros la alegría como arma,
ustedes el desprecio que les devuelve el espejo,
nosotros el orgullo del esfuerzo,
ustedes el verbo deliberadamente ambiguo,
nosotros somos el poeta, el pintor y el músico,
ustedes las aves carroñeras,
nosotros somos la madre que hace cuentas para alcanzar el final del mes,
ustedes las hipócritas de mantilla e iglesia,
ustedes los que se fuman puros mientras sentencian a muerte, nosotros el cansancio al final de la jornada,
ustedes la demagogia y la manipulación,
nosotros la voz de la libertad,
ustedes pútridas almas que venderían a su madre por un asiento.
Ustedes no tienen nada que ver con nosotros, entonces, ¿Qué les da tanto derecho?
viernes, 19 de octubre de 2012
Ensayo, error, ensayo.
Ella se separa del cuerpo de él tras el gemido final. Se tiende en la cama apoyando su pelo corto en la almohada contra la pared. Busca un cigarro en la mesita de noche y lo enciende mientras observa cómo él se levanta desnudo y se encierra en el cuarto de baño.
No le apetece seguirlo y se distrae escuchando el sonido del agua mezclado con un infantil canturreo.
Él sale de la ducha envuelto en una toalla con aire despreocupado y pregunta si quiere café, ella responde vagamente que sí.
–Tenemos que hablar –Dice ella con voz queda.
–¿Otra vez? –Responde él con evidente fastidio.
–Me ahogo ¿no lo entiendes?
– No, no lo entiendo. Por más que lo repitas no logro entender a qué te refieres.
– Me asfixio entre estas cuatro paredes, es como si cada día fuera el mismo repetido hasta el infinito...
– Sobre todo si todos los días tenemos la misma conversación –Apostilla él divertido.
– ¿Tú no notas nada extraño? –Pregunta ella con desesperanza.
– Ves como no puedo entenderte, ¿Es monótono o extraño? No pueden ser ambos.
– Pues lo es, siento que estoy atrapada de alguna forma y a veces me da la impresión de estar siendo observada...Eso es monótono y extraño al mismo tiempo. –Ella parece estar a punto de derrumbarse.
– ¿Observada? Cielos, eso es una locura. No pensaba que estabas tan mal.
Él parece apiadarse de ella por primera vez, se tumba a su lado y le acaricia la cara, le besa los pechos pero ella se aparta en un gesto brusco. Desde la cama él la mira vestirse desconcertado.
–¿Porqué no pruebas a salir un rato por ahí a desconectar? – Nada más decir esto él se siente un poco raro.
La cara de ella se ilumina. Salir, piensa, salir a la calle, no recuerda cuándo fue la última vez que lo hizo pero siente una necesidad imperiosa de hacerlo. Se acerca a la puerta y gira el pomo.
Él sale de la ducha envuelto en una toalla con aire despreocupado y pregunta si quiere café, ella responde vagamente que sí.
–Tenemos que hablar –Dice ella con voz queda.
–¿Otra vez? –Responde él con evidente fastidio.
–Me ahogo ¿no lo entien... – Ella deja la frase colgada en el aire. De pronto le asalta una sensación parecida a cuando se tiene un sueño del que no se recuerda apenas nada pero que no deja de rondar nuestra cabeza.
– ¿No notas nada raro? –Acierta a preguntar por fin.
– ¿Raro en qué sentido? –Pregunta él distraído.
– ¿Qué día es hoy?
– Lunes o Martes.
– ¿Qué hicimos ayer, qué hemos hecho hoy? –Ella parece estar dando caza a una idea ambigua.
– Oye, hoy estás muy rara. No sé a qué vienen tantas preguntas.
– ¿Cuándo fue la última vez que salimos de esta habitación, lo recuerdas? – Ella no puede cesar de emitir preguntas mientras él se siente cada vez más desconcertado.
– ¿Cuándo nos conocimos? ¿Cómo se llaman tus padres? ¿Qué hicimos en Navidad? ¿Cuál es tu trabajo? ¿Y el mío?
De pronto ella es elevada en el aire por una fuerza invisible y desaparece a través del techo de la habitación.
Él sale de la ducha envuelto en una toalla con aire despreocupado y pregunta si quiere café, la chica rubia de pelo largo le sonríe y dice que sí.
No le apetece seguirlo y se distrae escuchando el sonido del agua mezclado con un infantil canturreo.
Él sale de la ducha envuelto en una toalla con aire despreocupado y pregunta si quiere café, ella responde vagamente que sí.
–Tenemos que hablar –Dice ella con voz queda.
–¿Otra vez? –Responde él con evidente fastidio.
–Me ahogo ¿no lo entiendes?
– No, no lo entiendo. Por más que lo repitas no logro entender a qué te refieres.
– Me asfixio entre estas cuatro paredes, es como si cada día fuera el mismo repetido hasta el infinito...
– Sobre todo si todos los días tenemos la misma conversación –Apostilla él divertido.
– ¿Tú no notas nada extraño? –Pregunta ella con desesperanza.
– Ves como no puedo entenderte, ¿Es monótono o extraño? No pueden ser ambos.
– Pues lo es, siento que estoy atrapada de alguna forma y a veces me da la impresión de estar siendo observada...Eso es monótono y extraño al mismo tiempo. –Ella parece estar a punto de derrumbarse.
– ¿Observada? Cielos, eso es una locura. No pensaba que estabas tan mal.
Él parece apiadarse de ella por primera vez, se tumba a su lado y le acaricia la cara, le besa los pechos pero ella se aparta en un gesto brusco. Desde la cama él la mira vestirse desconcertado.
–¿Porqué no pruebas a salir un rato por ahí a desconectar? – Nada más decir esto él se siente un poco raro.
La cara de ella se ilumina. Salir, piensa, salir a la calle, no recuerda cuándo fue la última vez que lo hizo pero siente una necesidad imperiosa de hacerlo. Se acerca a la puerta y gira el pomo.
Él sale de la ducha envuelto en una toalla con aire despreocupado y pregunta si quiere café, ella responde vagamente que sí.
–Tenemos que hablar –Dice ella con voz queda.
–¿Otra vez? –Responde él con evidente fastidio.
–Me ahogo ¿no lo entien... – Ella deja la frase colgada en el aire. De pronto le asalta una sensación parecida a cuando se tiene un sueño del que no se recuerda apenas nada pero que no deja de rondar nuestra cabeza.
– ¿No notas nada raro? –Acierta a preguntar por fin.
– ¿Raro en qué sentido? –Pregunta él distraído.
– ¿Qué día es hoy?
– Lunes o Martes.
– ¿Qué hicimos ayer, qué hemos hecho hoy? –Ella parece estar dando caza a una idea ambigua.
– Oye, hoy estás muy rara. No sé a qué vienen tantas preguntas.
– ¿Cuándo fue la última vez que salimos de esta habitación, lo recuerdas? – Ella no puede cesar de emitir preguntas mientras él se siente cada vez más desconcertado.
– ¿Cuándo nos conocimos? ¿Cómo se llaman tus padres? ¿Qué hicimos en Navidad? ¿Cuál es tu trabajo? ¿Y el mío?
De pronto ella es elevada en el aire por una fuerza invisible y desaparece a través del techo de la habitación.
Él sale de la ducha envuelto en una toalla con aire despreocupado y pregunta si quiere café, la chica rubia de pelo largo le sonríe y dice que sí.
NOTAS PARA EL INFORME PRELIMINAR
El sujeto #J501 continuó dando muestras de inadaptación al entorno HB (entorno doméstico) tras 8 horas de prueba. Su cada vez más alto grado de hostilidad y un avance demasiado alto en el terreno cognitivo nos llevaron a albergar serios temores de contaminación hacia el sujeto #500. De modo que hemos procedido a la inmediata eliminación del sujeto defectuoso sustituyéndolo por el #J502 que parece adaptarse de manera idónea al entorno. Mantendremos una observación minuciosa durante las primeras y críticas 8 horas como manda el manual.
martes, 9 de octubre de 2012
La libertad de Elisa
A Elisa la sacamos de La Secta hará cosa de dos años. Recibí una llamada tremendamente angustiosa de mis tíos que pedían ayuda de manera desesperada. La chica se había largado con tan sólo dieciséis años con esos chiflados, Los Hijos de Saturno o alguna idiotez parecida. Predicaban el amor libre y la salvación de unos pocos elegidos (por supuesto ellos) en un inminente holocausto, decían que Dios era un extraterrestre que volvería a la tierra para llevarse con él sólo a quienes hubiesen visto la verdadera luz.
Mis tíos llevaban un año sin saber nada de su hija, no les estaba permitido establecer contacto de ningún tipo con ella y una especie de portavoz de La Secta se limitaba a informarles de que "la hermana Elisa" se encontraba en un estado superior de felicidad a la que ellos mismos podrían acceder si hacían caso de los folletos que oportunamente depositaba en sus manos.
Cuando recibí aquella llamada me enojé al principio por la tardanza en informarme de lo que sucedía, para algo yo era quien me ocupaba siempre de resolver los problemas en nuestra familia. Sin embargo inmediatamente me puse manos a la obra, un par de llamadas a un Juez que me debía un favor y al día siguiente varias patrullas de policía desmontaron el chiringuito de aquellos chiflados. No les cayeron muchos años, posesión de drogas y armas, retención ilegal, lo suficiente para mantenerlos un tiempo entre rejas. Y sobre todo para poder recuperar a Elisa y volver a tenerla entre nosotros.
La cosa no fue fácil, a aquella muchacha le habían lavado el cerebro de tal modo que se negaba a reconocer a su propia familia y reaccionaba de manera violenta ante las muestras efusivas y comprensibles de cariño de sus sufridos padres.
Decidí que tanto ella como sus padres viniesen a vivir a mi casa que era grande y espaciosa y situada en un terreno en el campo alejado de la multitud de la ciudad que parecía aturdirla aún más. Reposo y tranquilidad era lo que los médicos, psicólogos y psiquiatras que contraté habían recetado para su pronta recuperación.
Ahora Elisa tiene todos los cuidados que necesita y el amor de su familia del que jamás debió alejarse. Duerme mucho durante todo el día debido a las pastillas que debe tomar para tranquilizarse y todavía no permitimos que salga a la calle a no ser que sea a la Iglesia para reconciliarla con la verdadera historia de Nuestro Señor. No queremos que sus antiguos amigos vengan a visitarla para que no la conduzcan de nuevo por el mal camino y tampoco dejamos que vea la televisión ni lea periódicos o revistas con todo ese pecado y libertinaje moderno que pulula por ahí.
Sé que es duro, pero todo lo hacemos por su bien.
De vez en cuando subo a su habitación para ver si necesita algo y atenderla con todo el cariño que necesita, entonces me doy cuenta de que esa niña todavía lleva el diablo dentro, me seduce haciéndose la dormida y mostrándome su tentador cuerpo, consigue que piense en todo lo que habrá hecho con esos tipos de la secta y no puedo evitar poseerla mientras ella disimula haciéndose la estrecha. Luego, horrorizado por lo que me ha obligado a hacerle tengo que pegarle mientras le recito la palabra de Dios.
Su recuperación será lenta y dura, pero todo es por su bien, por el bien de Elisa.
Mis tíos llevaban un año sin saber nada de su hija, no les estaba permitido establecer contacto de ningún tipo con ella y una especie de portavoz de La Secta se limitaba a informarles de que "la hermana Elisa" se encontraba en un estado superior de felicidad a la que ellos mismos podrían acceder si hacían caso de los folletos que oportunamente depositaba en sus manos.
Cuando recibí aquella llamada me enojé al principio por la tardanza en informarme de lo que sucedía, para algo yo era quien me ocupaba siempre de resolver los problemas en nuestra familia. Sin embargo inmediatamente me puse manos a la obra, un par de llamadas a un Juez que me debía un favor y al día siguiente varias patrullas de policía desmontaron el chiringuito de aquellos chiflados. No les cayeron muchos años, posesión de drogas y armas, retención ilegal, lo suficiente para mantenerlos un tiempo entre rejas. Y sobre todo para poder recuperar a Elisa y volver a tenerla entre nosotros.
La cosa no fue fácil, a aquella muchacha le habían lavado el cerebro de tal modo que se negaba a reconocer a su propia familia y reaccionaba de manera violenta ante las muestras efusivas y comprensibles de cariño de sus sufridos padres.
Decidí que tanto ella como sus padres viniesen a vivir a mi casa que era grande y espaciosa y situada en un terreno en el campo alejado de la multitud de la ciudad que parecía aturdirla aún más. Reposo y tranquilidad era lo que los médicos, psicólogos y psiquiatras que contraté habían recetado para su pronta recuperación.
Ahora Elisa tiene todos los cuidados que necesita y el amor de su familia del que jamás debió alejarse. Duerme mucho durante todo el día debido a las pastillas que debe tomar para tranquilizarse y todavía no permitimos que salga a la calle a no ser que sea a la Iglesia para reconciliarla con la verdadera historia de Nuestro Señor. No queremos que sus antiguos amigos vengan a visitarla para que no la conduzcan de nuevo por el mal camino y tampoco dejamos que vea la televisión ni lea periódicos o revistas con todo ese pecado y libertinaje moderno que pulula por ahí.
Sé que es duro, pero todo lo hacemos por su bien.
De vez en cuando subo a su habitación para ver si necesita algo y atenderla con todo el cariño que necesita, entonces me doy cuenta de que esa niña todavía lleva el diablo dentro, me seduce haciéndose la dormida y mostrándome su tentador cuerpo, consigue que piense en todo lo que habrá hecho con esos tipos de la secta y no puedo evitar poseerla mientras ella disimula haciéndose la estrecha. Luego, horrorizado por lo que me ha obligado a hacerle tengo que pegarle mientras le recito la palabra de Dios.
Su recuperación será lenta y dura, pero todo es por su bien, por el bien de Elisa.
sábado, 29 de septiembre de 2012
Julia tiene un blog (2ª parte)
Julia tiene un blog.
Lo comenzó casi por curiosidad, pero con una imperiosa necesidad de expresar ese "algo" extraño que notaba enterrado en lo más profundo de su ser. Decidió aprovechar lo que había aprendido en las últimas semanas y conjugar su vieja pasión por la fotografía con los nuevos medios.
De modo que cuando Julia iba a hacer la compra o salía a realizar algún recado llevaba siempre consigo la flamante cámara de fotos digital que se había comprado a escondidas de Emilio. Comenzó a sacar fotos de la gente que encontraba en su camino, al principio con timidez, poco a poco con el oficio de una profesional.
Eran fotos en blanco y negro que conseguían retratar de manera fiel y sorprendente el alma de los fotografiados. El rostro sonriente y cruzado de arrugas del hombre que vendía libros de segunda mano en un puesto callejero junto al mercado, el trajín de la mujer que vendía la fruta, la chica disfrazada de payaso que recogía firmas para una ONG, la seria concentración de los hombres jugando al dominó en el bar, la alegría de los niños saliendo del colegio al encuentro con sus madres, la mirada perdida del mendigo que pedía en la puerta de la iglesia o los besos ansiosos de una pareja de adolescentes en un banco del parque, todo era recogido por la voraz cámara de Julia.
Las fotos, que plasmaban de manera sencilla la vida, poseían una fuerza conmovedora que se apoderaba de quien las observaba. Julia las subía a su blog escribiendo una pequeña leyenda al pie.
Pronto su blog comenzó a registrar una enorme cantidad de seguidores que aumentaban con el trascurso de los días, Julia contestaba con pudor, sorpresa y cariño a la multitud de comentarios que recibía contándole lo mucho que admiraban su obra. A través de la pantalla del ordenador conoció a más gente de la que había tratado en su vida y encontró a amigos con los que se sentía más cercana y cuya amistad le reportaba más placer que la de cualquiera de quien se hubiera considerado amiga en eso que llamaban la vida real. Incluso llegó a recibir ofertas serias para montar alguna exposición en diversas ciudades del mundo.
Julia tiene un blog.
Y por primera vez en su vida puede decir que es feliz.
Pero hoy Emilio entra por la puerta más enfadado que nunca, viene del bar blasfemando y maldiciendo porque le han contado que su mujer va por ahí haciendo fotos como si fuese una loca. Y encima Julia no se ha dado cuenta de la hora y todavía no ha hecho la cena, cosa que enfurece más todavía a Emilio que suelta la primera bofetada.
No es la primera vez, algunas veces cuando Emilio llega muy tarde del bar y la cena está fría o no hay suficiente o no queda cerveza se le va la mano. Pero no es mal hombre, Julia sorbe la sangre del labio partido y sabe que es normal, él es un hombre y está cansado y a ella sólo se le ocurre perder el tiempo con sus tonterías...
Lo siguiente es un puñetazo que la derriba y la hace caer de bruces al suelo para inmediatamente sentir una patada en el estómago.
Julia está muy aturdida y le duele mucho el estómago, no entiende muy bien lo que sucede, hasta ahora Emilio se había limitado a algún bofetón muy de vez en cuando, si ella se lo ganaba.
Emilio continúa golpeando a su mujer con furia incluso cuando el cuerpo de ella hace rato que no emite movimiento alguno, al fin decide parar más por agotamiento que por otra cosa. Se sienta en la cama y enciende un cigarro, no necesita comprobarlo, sabe que Julia está muerta, ahora toca pensar como salir impune de lo que ha hecho.
Como no sabe como librarse del cadáver decide fingir un robo. Desordena toda la casa y se guarda en los bolsillos todo lo que encuentra de valor, lo venderá por ahí y luego regresará al bar como si nada, allí no le resultará difícil asegurarse de que los parroquianos declaren que estuvo jugando la partida toda la noche hasta que regresó a casa tarde y se encontró la terrible escena.
Pero cuando Emilio pone de nuevo los pies en la calle, unas cuantas personas comienzan a mirarlo con rabia y a señalarlo. Emilio trata de calmarse pensando que son imaginaciones suyas por culpa de los nervios, ¿quién puede saber lo que acaba de hacer?
Pero cada vez es más la gente que parece reconocerlo y le insulta y persigue llamándole asesino, al final se ve rodeado por una multitud enfurecida que parece totalmente dispuesta a lincharlo. Justo a tiempo tres coches de la Policía entran en acción dispersando a la turba y llevándose a Emilio detenido por asesinato.
En comisaría Emilio se derrumba y lo confiesa todo, sólo quiere saber cómo es posible que todo el mundo lo supiera y tan pronto.
El comisario se encoge de hombros y le enseña un portátil en el que se ve el blog de Julia. Las últimas entradas son las fotos, segundo a segundo y con una nitidez perfecta de la brutal paliza que la llevó a la muerte. El policía dice que seguramente la cámara estaba en modo automático, pero no comprende cómo ha sido capaz de tomar unas instantáneas tan exactas y con tanto detalle. Tampoco se explica quién subió las fotos al blog en tiempo real. Solo sabe que millones de personas en todo el mundo han visto como Emilio mataba a su mujer.
Lo comenzó casi por curiosidad, pero con una imperiosa necesidad de expresar ese "algo" extraño que notaba enterrado en lo más profundo de su ser. Decidió aprovechar lo que había aprendido en las últimas semanas y conjugar su vieja pasión por la fotografía con los nuevos medios.
De modo que cuando Julia iba a hacer la compra o salía a realizar algún recado llevaba siempre consigo la flamante cámara de fotos digital que se había comprado a escondidas de Emilio. Comenzó a sacar fotos de la gente que encontraba en su camino, al principio con timidez, poco a poco con el oficio de una profesional.
Eran fotos en blanco y negro que conseguían retratar de manera fiel y sorprendente el alma de los fotografiados. El rostro sonriente y cruzado de arrugas del hombre que vendía libros de segunda mano en un puesto callejero junto al mercado, el trajín de la mujer que vendía la fruta, la chica disfrazada de payaso que recogía firmas para una ONG, la seria concentración de los hombres jugando al dominó en el bar, la alegría de los niños saliendo del colegio al encuentro con sus madres, la mirada perdida del mendigo que pedía en la puerta de la iglesia o los besos ansiosos de una pareja de adolescentes en un banco del parque, todo era recogido por la voraz cámara de Julia.
Las fotos, que plasmaban de manera sencilla la vida, poseían una fuerza conmovedora que se apoderaba de quien las observaba. Julia las subía a su blog escribiendo una pequeña leyenda al pie.
Pronto su blog comenzó a registrar una enorme cantidad de seguidores que aumentaban con el trascurso de los días, Julia contestaba con pudor, sorpresa y cariño a la multitud de comentarios que recibía contándole lo mucho que admiraban su obra. A través de la pantalla del ordenador conoció a más gente de la que había tratado en su vida y encontró a amigos con los que se sentía más cercana y cuya amistad le reportaba más placer que la de cualquiera de quien se hubiera considerado amiga en eso que llamaban la vida real. Incluso llegó a recibir ofertas serias para montar alguna exposición en diversas ciudades del mundo.
Julia tiene un blog.
Y por primera vez en su vida puede decir que es feliz.
Pero hoy Emilio entra por la puerta más enfadado que nunca, viene del bar blasfemando y maldiciendo porque le han contado que su mujer va por ahí haciendo fotos como si fuese una loca. Y encima Julia no se ha dado cuenta de la hora y todavía no ha hecho la cena, cosa que enfurece más todavía a Emilio que suelta la primera bofetada.
No es la primera vez, algunas veces cuando Emilio llega muy tarde del bar y la cena está fría o no hay suficiente o no queda cerveza se le va la mano. Pero no es mal hombre, Julia sorbe la sangre del labio partido y sabe que es normal, él es un hombre y está cansado y a ella sólo se le ocurre perder el tiempo con sus tonterías...
Lo siguiente es un puñetazo que la derriba y la hace caer de bruces al suelo para inmediatamente sentir una patada en el estómago.
Julia está muy aturdida y le duele mucho el estómago, no entiende muy bien lo que sucede, hasta ahora Emilio se había limitado a algún bofetón muy de vez en cuando, si ella se lo ganaba.
Emilio continúa golpeando a su mujer con furia incluso cuando el cuerpo de ella hace rato que no emite movimiento alguno, al fin decide parar más por agotamiento que por otra cosa. Se sienta en la cama y enciende un cigarro, no necesita comprobarlo, sabe que Julia está muerta, ahora toca pensar como salir impune de lo que ha hecho.
Como no sabe como librarse del cadáver decide fingir un robo. Desordena toda la casa y se guarda en los bolsillos todo lo que encuentra de valor, lo venderá por ahí y luego regresará al bar como si nada, allí no le resultará difícil asegurarse de que los parroquianos declaren que estuvo jugando la partida toda la noche hasta que regresó a casa tarde y se encontró la terrible escena.
Pero cuando Emilio pone de nuevo los pies en la calle, unas cuantas personas comienzan a mirarlo con rabia y a señalarlo. Emilio trata de calmarse pensando que son imaginaciones suyas por culpa de los nervios, ¿quién puede saber lo que acaba de hacer?
Pero cada vez es más la gente que parece reconocerlo y le insulta y persigue llamándole asesino, al final se ve rodeado por una multitud enfurecida que parece totalmente dispuesta a lincharlo. Justo a tiempo tres coches de la Policía entran en acción dispersando a la turba y llevándose a Emilio detenido por asesinato.
En comisaría Emilio se derrumba y lo confiesa todo, sólo quiere saber cómo es posible que todo el mundo lo supiera y tan pronto.
El comisario se encoge de hombros y le enseña un portátil en el que se ve el blog de Julia. Las últimas entradas son las fotos, segundo a segundo y con una nitidez perfecta de la brutal paliza que la llevó a la muerte. El policía dice que seguramente la cámara estaba en modo automático, pero no comprende cómo ha sido capaz de tomar unas instantáneas tan exactas y con tanto detalle. Tampoco se explica quién subió las fotos al blog en tiempo real. Solo sabe que millones de personas en todo el mundo han visto como Emilio mataba a su mujer.
jueves, 27 de septiembre de 2012
Julia tiene un blog (1ª parte)
Julia tiene un blog.
A veces se pregunta qué hace una mujer de su edad perdiendo el tiempo con esas cosas con la de trabajo que hay que hacer en la casa, que siempre hay algo que lavar o planchar o comida que preparar y ella con la neura que le ha entrado con el blog. A menudo se siente culpable cuando Emilio llega cansado de trabajar y la sorprende todavía cara al teclado con la cena por hacer. En esos momentos observa el gesto contrariado de su marido, escucha el gruñido inarticulado que él deja escapar a modo de saludo y piensa que es una mala mujer.
Pero no puede evitarlo, a sus 58 años jamás se había sentido tan satisfecha, dueña de algo que le pertenece tan sólo a ella, de algo que ha creado y que parece bonito, y bueno, y que a la gente parece gustarle.
Orgullosa, es la palabra que busca en su interior. Nunca en su vida se había sentido orgullosa de algo propio, tal vez de los hijos, pero estos eran fruto tanto de ella como de Emilio y ahora estaban bien lejos, viviendo cada uno su propia vida, lejanos, inaccesibles y ajenos a las necesidades de su madre. Oh, claro que los quería, como cualquier madre del mundo hubiera dado la vida por ellos, de hecho era exactamente lo que había estado haciendo hasta que se hicieron mayores; cuidarlos, alimentarlos y protegerlos, anteponiendo sus necesidades a las propias de ella misma. No se arrepentía, lo había hecho con todo el amor del mundo y lo volvería a hacer a pesar de la nula gratitud recibida.
Igual que con Emilio, su marido, siempre habían sido las cosas de él, el trabajo de él, los amigos de él, lo que él necesitaba...
Pero ahora Julia tiene un blog.
Todo comenzó hará cosa de un año, cuando Rosa y Sofía la animaron y casi arrastraron a apuntarse al cursillo de Fotografía que se impartía en la asociación de amas de casa. A Julia siempre le había gustado mucho la Fotografía, y de joven barajó la posibilidad de estudiar e intentar dedicarse a ello, pero pronto llegó la boda y tuvo que aparcar esa idea para dedicarse a la casa y a su marido.
Ese curso de Fotografía fue tan estimulante que casi sin dudarlo las tres amigas se apuntaron al siguiente que era de Informática de usuario aún sin saber ni tan siquiera apretar una tecla.
A Emilio no le importó que se apuntara al primer curso si con ello estaba entretenida mientras no le metieran muchas tonterías en la cabeza, pero aquello de los ordenadores le parecía una soberana estupidez. No entendía para qué diablos quería su mujer dar clases de eso con lo que juegan los chavales de hoy que parecen todos medio idiotas. Le dijo que ya se cansaría de las modas cuando quedara como la paleta que era en medio de clase, ella que no sabía ni planchar bien las camisas.
Ahora Julia tiene un blog.
Comenzó a utilizar el ordenador que Tony, su hijo mayor, había dejado en su habitación con conexión a Internet incluida que sus padres pagaban religiosamente cada mes sin saber muy bien porqué.
"La factura del chiquillo" decían cuando les llegaba la carta del banco.
Julia tiene un blog y lo leen miles de personas en todo el mundo, ella jamás pudo imaginar que llegaría a conocer a personas de Argentina, México, Alemania o Nueva York. A Julia le hubiera parecido imposible llamar amigos a gente que no había visto en su vida y, menos aún, que miles de personas alabaran su trabajo y la hicieran sentir tan útil, tan completa, tan viva.
A veces se pregunta qué hace una mujer de su edad perdiendo el tiempo con esas cosas con la de trabajo que hay que hacer en la casa, que siempre hay algo que lavar o planchar o comida que preparar y ella con la neura que le ha entrado con el blog. A menudo se siente culpable cuando Emilio llega cansado de trabajar y la sorprende todavía cara al teclado con la cena por hacer. En esos momentos observa el gesto contrariado de su marido, escucha el gruñido inarticulado que él deja escapar a modo de saludo y piensa que es una mala mujer.
Pero no puede evitarlo, a sus 58 años jamás se había sentido tan satisfecha, dueña de algo que le pertenece tan sólo a ella, de algo que ha creado y que parece bonito, y bueno, y que a la gente parece gustarle.
Orgullosa, es la palabra que busca en su interior. Nunca en su vida se había sentido orgullosa de algo propio, tal vez de los hijos, pero estos eran fruto tanto de ella como de Emilio y ahora estaban bien lejos, viviendo cada uno su propia vida, lejanos, inaccesibles y ajenos a las necesidades de su madre. Oh, claro que los quería, como cualquier madre del mundo hubiera dado la vida por ellos, de hecho era exactamente lo que había estado haciendo hasta que se hicieron mayores; cuidarlos, alimentarlos y protegerlos, anteponiendo sus necesidades a las propias de ella misma. No se arrepentía, lo había hecho con todo el amor del mundo y lo volvería a hacer a pesar de la nula gratitud recibida.
Igual que con Emilio, su marido, siempre habían sido las cosas de él, el trabajo de él, los amigos de él, lo que él necesitaba...
Pero ahora Julia tiene un blog.
Todo comenzó hará cosa de un año, cuando Rosa y Sofía la animaron y casi arrastraron a apuntarse al cursillo de Fotografía que se impartía en la asociación de amas de casa. A Julia siempre le había gustado mucho la Fotografía, y de joven barajó la posibilidad de estudiar e intentar dedicarse a ello, pero pronto llegó la boda y tuvo que aparcar esa idea para dedicarse a la casa y a su marido.
Ese curso de Fotografía fue tan estimulante que casi sin dudarlo las tres amigas se apuntaron al siguiente que era de Informática de usuario aún sin saber ni tan siquiera apretar una tecla.
A Emilio no le importó que se apuntara al primer curso si con ello estaba entretenida mientras no le metieran muchas tonterías en la cabeza, pero aquello de los ordenadores le parecía una soberana estupidez. No entendía para qué diablos quería su mujer dar clases de eso con lo que juegan los chavales de hoy que parecen todos medio idiotas. Le dijo que ya se cansaría de las modas cuando quedara como la paleta que era en medio de clase, ella que no sabía ni planchar bien las camisas.
Ahora Julia tiene un blog.
Comenzó a utilizar el ordenador que Tony, su hijo mayor, había dejado en su habitación con conexión a Internet incluida que sus padres pagaban religiosamente cada mes sin saber muy bien porqué.
"La factura del chiquillo" decían cuando les llegaba la carta del banco.
Julia tiene un blog y lo leen miles de personas en todo el mundo, ella jamás pudo imaginar que llegaría a conocer a personas de Argentina, México, Alemania o Nueva York. A Julia le hubiera parecido imposible llamar amigos a gente que no había visto en su vida y, menos aún, que miles de personas alabaran su trabajo y la hicieran sentir tan útil, tan completa, tan viva.
lunes, 24 de septiembre de 2012
LA VIDA, MANUAL DE INSTRUCCIONES.
Trata de mantener tu alma siempre libre, siempre joven.
Aliméntala de descubrimientos.
Que el dolor no te impida conocer la esperanza, que la esperanza no te bañe de ingenuidad.
Ama, ama mucho y a pesar de todo, no importa las veces que te rompan el corazón.
Ningún Dios creado por los hombres merece la pena, no dejes que ningún hombre te hable de Dios.
Te equivocarás mil veces, no aprenderás de ningún error, pero quizá algún error te ayude a llegar a donde debes.
Serás injusto e intolerante queriendo luchar contra la injusticia y la intolerancia.
Hallarás en tu camino personas taimadas que te lastimarán.
Pero también otras cuyo cariño medirá la clase de persona en que te has convertido.
Habrá momentos por los que valdrá la pena haber nacido
y otros en los que desearás no haber pisado jamas este mundo.
Encontrarás odio y venganzas, tendrás que vértelas con la avaricia y la envidia.
Pero también habrá tiempo para lo sublime.
Que cuándo te mires al espejo, viejo y cansado
puedas recordar este manual de instrucciones
y sepas, a ciencia cierta, que valió la pena.
Aliméntala de descubrimientos.
Que el dolor no te impida conocer la esperanza, que la esperanza no te bañe de ingenuidad.
Ama, ama mucho y a pesar de todo, no importa las veces que te rompan el corazón.
Ningún Dios creado por los hombres merece la pena, no dejes que ningún hombre te hable de Dios.
Te equivocarás mil veces, no aprenderás de ningún error, pero quizá algún error te ayude a llegar a donde debes.
Serás injusto e intolerante queriendo luchar contra la injusticia y la intolerancia.
Hallarás en tu camino personas taimadas que te lastimarán.
Pero también otras cuyo cariño medirá la clase de persona en que te has convertido.
Habrá momentos por los que valdrá la pena haber nacido
y otros en los que desearás no haber pisado jamas este mundo.
Encontrarás odio y venganzas, tendrás que vértelas con la avaricia y la envidia.
Pero también habrá tiempo para lo sublime.
Que cuándo te mires al espejo, viejo y cansado
puedas recordar este manual de instrucciones
y sepas, a ciencia cierta, que valió la pena.
martes, 18 de septiembre de 2012
El Miedo
Cada cuatro años, cuando la nieve comienza a coronar tímidamente las cimas de las montañas anunciando la proximidad del invierno y el calendario señala la lúgubre fecha en el calendario, las campanas de la iglesia tañen alarmadas la llegada de la noche en el pueblo. Las mujeres, ataviadas con pañuelos negros, llaman a sus hijos y se encierran a rezar en sus casas, arrastrando la ignorancia de los años. Los hombres adelantan el final del trabajo en el campo y regresan a los hogares, mezquinos, se sientan junto al fuego y observan sus manos inservibles, las armas inútiles que no se atreverán a empuñar.
Cada cuatro años El Caminante Eterno bajará lentamente por el camino del del Cementerio. Recorrerá el pueblo de una punta a la otra, sus pasos dejan las huellas de siglos pasados, su aspecto hiela el corazón del más valiente.
Es alto y pálido y viste una túnica negra que parece hecha con jirones de almas, el pelo y la barba, largos y oscuros como ala de cuervo, parecen gozar de vida propia. Una vida extraña que tan sólo augura muerte.
Pero lo peor son sus ojos. Lo que deberían ser sus ojos son dos abismos negros, profundos e insondables, capaces de llevar a la locura a quien ose mirarlos fijamente.
El Caminante Eterno vaga por las calles vacías del pueblo sin prisa pero sin detenerse, recorre las plazas, las fuentes, cruza frente al colegio y dobla la esquina de la iglesia sin hallar a nadie. Todos los habitantes del pueblo están encerrados a cal y canto en sus casas, escondidos o mirando resguardados por la ventana y esperando a que prosiga su camino.
El Caminante Eterno toma por fin el camino que lleva a la salida del pueblo, pero justo cuándo las gentes del pueblo están a punto de exhalar un suspiro de alivio, se detiene.
Frente a él, sentado de espaldas en el suelo, está Adrián de cuatro años. Adrián es autista y no ha escuchado las campanas ni los gritos de su madre que ahora forcejea con su marido para que la deje salir. El resto de niños y los profesores, apresurados en su huida, se han olvidado de avisar o ayudar a Adrián que ahora se gira y mira a El Caminante Eterno con indiferencia.
– ¿Tú no tienes miedo? –La voz de El Caminante suena como un coro de mártires pidiendo auxilio.
Adrián le ofrece la pelota con la que está jugando y El Caminante niega sonriente con la cabeza. Después Adrián se levanta con determinación y agarra de la mano a El Caminante Eterno. Ambos emprenden el camino juntos y de la mano, pero antes de salir del pueblo Adrián se gira y sonríe con una extraña y malévola sonrisa a sus padres que lo observan todo desesperados desde la ventana de su casa.
Una sonrisa capaz de helar el corazón del más valiente.
Cada cuatro años El Caminante Eterno bajará lentamente por el camino del del Cementerio. Recorrerá el pueblo de una punta a la otra, sus pasos dejan las huellas de siglos pasados, su aspecto hiela el corazón del más valiente.
Es alto y pálido y viste una túnica negra que parece hecha con jirones de almas, el pelo y la barba, largos y oscuros como ala de cuervo, parecen gozar de vida propia. Una vida extraña que tan sólo augura muerte.
Pero lo peor son sus ojos. Lo que deberían ser sus ojos son dos abismos negros, profundos e insondables, capaces de llevar a la locura a quien ose mirarlos fijamente.
El Caminante Eterno vaga por las calles vacías del pueblo sin prisa pero sin detenerse, recorre las plazas, las fuentes, cruza frente al colegio y dobla la esquina de la iglesia sin hallar a nadie. Todos los habitantes del pueblo están encerrados a cal y canto en sus casas, escondidos o mirando resguardados por la ventana y esperando a que prosiga su camino.
El Caminante Eterno toma por fin el camino que lleva a la salida del pueblo, pero justo cuándo las gentes del pueblo están a punto de exhalar un suspiro de alivio, se detiene.
Frente a él, sentado de espaldas en el suelo, está Adrián de cuatro años. Adrián es autista y no ha escuchado las campanas ni los gritos de su madre que ahora forcejea con su marido para que la deje salir. El resto de niños y los profesores, apresurados en su huida, se han olvidado de avisar o ayudar a Adrián que ahora se gira y mira a El Caminante Eterno con indiferencia.
– ¿Tú no tienes miedo? –La voz de El Caminante suena como un coro de mártires pidiendo auxilio.
Adrián le ofrece la pelota con la que está jugando y El Caminante niega sonriente con la cabeza. Después Adrián se levanta con determinación y agarra de la mano a El Caminante Eterno. Ambos emprenden el camino juntos y de la mano, pero antes de salir del pueblo Adrián se gira y sonríe con una extraña y malévola sonrisa a sus padres que lo observan todo desesperados desde la ventana de su casa.
Una sonrisa capaz de helar el corazón del más valiente.
domingo, 16 de septiembre de 2012
ACHTUNGMAG!
El tiempo que he pasado sin escribir en Actos Invisibles no he estado escondido en una cueva. He tenido el placer de colaborar en la revista digital ACHTUNG!
Los editores de esta magnífica y muy necesaria revista me han otorgado el honor de compartir mi pluma con auténticos gigantes del periodismo cultural e irreverente como Pablo Cerezal.
Tengo el privilegio de redactar artículos sobre cine y literatura, pero os aseguro que encontrareis textos muy interesantes del resto de colaboradores. Os dejo un par de enlaces por si os interesa:
http://www.achtungmag.com/concierto-cronica-extremoduro-revista-achtung/
http://www.achtungmag.com/
http://www.achtungmag.com/cine-espana-literatura-revista-achtung/
http://www.achtungmag.com/cine-drive-revista-achtung/
Los editores de esta magnífica y muy necesaria revista me han otorgado el honor de compartir mi pluma con auténticos gigantes del periodismo cultural e irreverente como Pablo Cerezal.
Tengo el privilegio de redactar artículos sobre cine y literatura, pero os aseguro que encontrareis textos muy interesantes del resto de colaboradores. Os dejo un par de enlaces por si os interesa:
http://www.achtungmag.com/concierto-cronica-extremoduro-revista-achtung/
http://www.achtungmag.com/
http://www.achtungmag.com/cine-espana-literatura-revista-achtung/
http://www.achtungmag.com/cine-drive-revista-achtung/
jueves, 6 de septiembre de 2012
GALERÍA DE MONSTRUOS: hombreinvisible
Queridos amigos, como ya dije en mi regreso
mis monstruos no me han abandonado
de hecho continúan más presentes que nunca y
reclamando protagonismo. Por esta razón doy comienzo
a esta serie titulada "Galería de monstruos" con la entrañable
y terrorífica historia de Mauricio. Espero sea de su agrado.
Mauricio era invisible, era cierto, pero aquello no suponía en modo alguno que su vida fuera fabulosa o extraordinaria y ni tan siquiera dramática. Mauricio era invisible como otros eran pelirrojos, gordos o desgarbados, para ser más exactos; Mauricio sufría de invisibilidad al igual que otras personas padecen diabetes, ardor de estómago o Gota.
Para colmo no se trataba de una invisibilidad como cualquiera de nosotros solemos imaginar ya que para poder llegar a ser invisible Mauricio debía concentrarse mucho y quedarse extremadamente quieto, sólo entonces su cuerpo se iba tornando transparente hasta desaparecer por completo de la vista de las personas. Si en ese momento a Mauricio se le ocurría mover un sólo músculo el proceso se invertía rápidamente y su apariencia volvía a ser tan corpórea y normal como la de zapatero de a esquina o la chica de la panadería.
Con estas limitaciones es fácil adivinar que Mauricio no podía robar un banco con total impunidad, ejercer de justiciero o levantar la falda a las chicas. Como mucho le había servido para pasar inadvertido en clase de pequeño, librarse de hacer guardias durante el servicio militar o ahorrarse pagar en el metro cuando el revisor hacía acto de presencia de camino al trabajo, pequeñeces para un don por el que la mayoría de la gente estaría dispuesta a sacrificar lo que fuera.
Además existía otro agravante, en realidad a Mauricio no le hacía falta ser invisible. Era de esa clase de personas de las que uno olvida su cara nada más terminar de habar con él, de esos tipos a los que no se les conocen mujer o amigos, que no destacan por nada bueno ni nada malo. Si alguien le hubiese preguntado a alguno de sus vecinos o compañeros de trabajo cómo era el tal Mauricio todos sin excepción se hubiesen encogido de hombros y hubieran repetido que era un tipo normal. Si se les hubiese pedido alguna característica o descripción más minuciosa se habrían quedado en silencio sin saber qué más añadir.
Si alguien hubiese indagado entre sus antiguos compañeros del colegio o la Universidad, si se hiciese una encuesta entre quienes realizaron el servicio militar junto a él no se hubiera encontrado a nadie, ni uno sólo, que fuese capaz de recordar al bueno de Mauricio.
En definitiva que Mauricio era invisible pero hubiese dado exactamente lo mismo que jamás lo hubiera sido. Tanto que el día de su muerte el conductor de Autobús que se lo llevó por delante en un día soleado de Agosto sin tráfico ni masas de peatones tan sólo acertó a murmurar:
–Juro que no lo he visto.
lunes, 3 de septiembre de 2012
Miedo a hablar en público
–Pero, hombre, eso que dice usted es absurdo.
El doctor Jameson me miraba mientras se reía con franqueza. Al reírse su espeso bigote blanco se movía bajo su nariz como un animal inquieto y extraño.
–Querido señor Rutherfood –Prosiguió el psiquiatra – tanto yo como el resto de la comunidad le tenemos por un hombre inteligente, ¿no se da usted cuenta de lo irracional de su miedo al hablar en público? ¿acaso no es usted capaz de ver que ese temor suyo es una proyección infantil y fantástica de su subconsciente?
Por supuesto que lo sabía, pero era incapaz de quitármelo de la cabeza. Desde siempre había tenido ese miedo a hablar en público, algo que me había traído demasiados quebraderos de cabeza en mi trabajo. Era, como bien decía el doctor, un escritor reconocido en todo el país, considerado no sólo un erudito, sino una eminencia en el campo de el ensayo histórico.
Pero me resultaba imposible dar conferencias, conceder entrevistas o acudir a simposios. De manera irracional estaba convencido de que al hablar en público de mi boca saldría un sonido agudo e infernal que rompería los tímpanos de los asistentes. De hecho en mis sueños se había repetido esta escena varias veces de manera clara y, para mí premonitoria.
Ahora me habían concedido el premio de la Cámara de comercio de Northomb, el premio más prestigioso de nuestra comunidad y que implicaba de manera ineludible asistir a una gala en la que se encontraría la flor y nata de nuestra ciudad y, por supuesto, pronunciar un extenso discurso frente a dichas ilustres personas.
Desde que conocí la noticia de que tan prestigioso premio me había sido otorgado me encontraba inmerso en un infierno de desesperación puesto que a mi mente no cesaba de acudir la imagen de mi voz destruyendo los oídos de los allí presentes. Negarme a aceptar el premio o rehusar pronunciar el discurso con alguna excusa vaga –algo que ya había hecho en otras ocasiones aquejando problemas de salud –hubiese sido fatal para mi reputación de modo que decidí hacer terapia con el doctor Jameson, el más reputado psiquiatra de Northomb y entre los cinco mejores del país, según me habían asegurado diversas fuentes.
El doctor no se reía con malicia cuando le contaba mis fantásticos desvaríos, de inmediato advertí que lo hacía para hacerme comprender lo ridículo y sinsentido que resultaba dicho temor.
Durante los meses que duró la terapia, a razón de seis horas por semana y 100 Libras cada hora, Jameson fue indagando a en mi psique, me señaló hechos de mi infancia que yo consideraba banales, me diagnosticó un amor Edípico por mi madre que desconocía, me descubrió un rencor oculto por mi padre del que yo no tenía la menor idea, consiguió que descubriera una misoginia galopante que se disfrazaba bajo mi intelecto y mi educación intachable.
Durante aquellas visitas el doctor me hizo comprender que ese miedo irracional a hablar en público no era más que una proyección de mis miedos infantiles no resueltos que ahora se veían reforzados y unificados en esa absurda imagen de mi voz reventando los oídos del respetable.
Poco a poco fui ganando confianza en mi mismo, fui llenándome de valor,de seguridad, de autoestima.
El doctor Jameson consiguió no sólo que me olvidara de aquél miedo absurdo sino que aquella visión que me atormentaba se me antojara ahora ridícula y pueril.
De modo que repleto de estas virtudes subí con paso firme y decidido a recoger mi premio y a pronunciar el discurso que había estado redactando durante dos días con el fin de impresionar a todos los presentes en mi primera comparecencia pública.
Por todo esto es por lo que no niego mi culpabilidad ante los hechos que acontecieron, reconozco los cargos que se me imputan, fue mi voz la que emitió ese sonido agudo e insoportable que hizo sangrar los oídos de los asistentes, fue mi voz la que provocó que estallaran los cristales, la que generó el caos y los aplastamientos cuando la gente trató de huir. Fui yo el responsable del horrible número de muertos y heridos, admito mi culpa y acataré la sentencia que el tribunal de Northomb, encabezado por usted, señoría, tenga a bien disponer.
Pero sólo ruego una cosa a este tribunal, que el doctor Jameson sea juzgado y condenado con los mismos cargos que penden sobre mí.
El doctor Jameson me miraba mientras se reía con franqueza. Al reírse su espeso bigote blanco se movía bajo su nariz como un animal inquieto y extraño.
–Querido señor Rutherfood –Prosiguió el psiquiatra – tanto yo como el resto de la comunidad le tenemos por un hombre inteligente, ¿no se da usted cuenta de lo irracional de su miedo al hablar en público? ¿acaso no es usted capaz de ver que ese temor suyo es una proyección infantil y fantástica de su subconsciente?
Por supuesto que lo sabía, pero era incapaz de quitármelo de la cabeza. Desde siempre había tenido ese miedo a hablar en público, algo que me había traído demasiados quebraderos de cabeza en mi trabajo. Era, como bien decía el doctor, un escritor reconocido en todo el país, considerado no sólo un erudito, sino una eminencia en el campo de el ensayo histórico.
Pero me resultaba imposible dar conferencias, conceder entrevistas o acudir a simposios. De manera irracional estaba convencido de que al hablar en público de mi boca saldría un sonido agudo e infernal que rompería los tímpanos de los asistentes. De hecho en mis sueños se había repetido esta escena varias veces de manera clara y, para mí premonitoria.
Ahora me habían concedido el premio de la Cámara de comercio de Northomb, el premio más prestigioso de nuestra comunidad y que implicaba de manera ineludible asistir a una gala en la que se encontraría la flor y nata de nuestra ciudad y, por supuesto, pronunciar un extenso discurso frente a dichas ilustres personas.
Desde que conocí la noticia de que tan prestigioso premio me había sido otorgado me encontraba inmerso en un infierno de desesperación puesto que a mi mente no cesaba de acudir la imagen de mi voz destruyendo los oídos de los allí presentes. Negarme a aceptar el premio o rehusar pronunciar el discurso con alguna excusa vaga –algo que ya había hecho en otras ocasiones aquejando problemas de salud –hubiese sido fatal para mi reputación de modo que decidí hacer terapia con el doctor Jameson, el más reputado psiquiatra de Northomb y entre los cinco mejores del país, según me habían asegurado diversas fuentes.
El doctor no se reía con malicia cuando le contaba mis fantásticos desvaríos, de inmediato advertí que lo hacía para hacerme comprender lo ridículo y sinsentido que resultaba dicho temor.
Durante los meses que duró la terapia, a razón de seis horas por semana y 100 Libras cada hora, Jameson fue indagando a en mi psique, me señaló hechos de mi infancia que yo consideraba banales, me diagnosticó un amor Edípico por mi madre que desconocía, me descubrió un rencor oculto por mi padre del que yo no tenía la menor idea, consiguió que descubriera una misoginia galopante que se disfrazaba bajo mi intelecto y mi educación intachable.
Durante aquellas visitas el doctor me hizo comprender que ese miedo irracional a hablar en público no era más que una proyección de mis miedos infantiles no resueltos que ahora se veían reforzados y unificados en esa absurda imagen de mi voz reventando los oídos del respetable.
Poco a poco fui ganando confianza en mi mismo, fui llenándome de valor,de seguridad, de autoestima.
El doctor Jameson consiguió no sólo que me olvidara de aquél miedo absurdo sino que aquella visión que me atormentaba se me antojara ahora ridícula y pueril.
De modo que repleto de estas virtudes subí con paso firme y decidido a recoger mi premio y a pronunciar el discurso que había estado redactando durante dos días con el fin de impresionar a todos los presentes en mi primera comparecencia pública.
Por todo esto es por lo que no niego mi culpabilidad ante los hechos que acontecieron, reconozco los cargos que se me imputan, fue mi voz la que emitió ese sonido agudo e insoportable que hizo sangrar los oídos de los asistentes, fue mi voz la que provocó que estallaran los cristales, la que generó el caos y los aplastamientos cuando la gente trató de huir. Fui yo el responsable del horrible número de muertos y heridos, admito mi culpa y acataré la sentencia que el tribunal de Northomb, encabezado por usted, señoría, tenga a bien disponer.
Pero sólo ruego una cosa a este tribunal, que el doctor Jameson sea juzgado y condenado con los mismos cargos que penden sobre mí.
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