Actos invisibles

Actos invisibles

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jueves, 25 de agosto de 2016

La fin


Te acabarás
como se acaban los veranos y las monedas.
Te acabarás
como se acaban los océanos y las carreteras.
Te acabarás
como se acaban los mejores días y los poemas.
Te acabarás
como se acaban los orgasmos y los problemas.

piénsalo; nacemos muriendo
como el primer beso
es el último primer beso.
piensa en los ojos mano bocas
que son fantasmas que invocas.
piensa a qué velocidad sueñan los inquilinos
del cementerio de automóviles.
piensa en ti sobre un cuadrilátero
rodeado de sonrientes relojes.
piensa en los árboles que se piensan ceniza.
piensa en mariposas clavadas con alfileres
provocándote ardor de estómago.
piensa en los quince minutos de fama
de la foto de la primera comunión de Andy Warhol.  
piensa en que cada calendario es un obituario.
piensa en lo hermoso que es que así sea.

Y
ahora
empieza.

martes, 16 de agosto de 2016

Nos equivocamos

Nos equivocamos.
Heredamos la herida y nunca la navaja.
Las huellas y nunca las pisadas.
En Berlín hay niños con mirada de pájaro
que jamás han visto un pájaro.
Lo sé aunque nunca he estado allí.
Lo leí en los ojos de una mujer con mirada de poema
que jamás había leído un poema.
Elegimos la elegía privatizada de los paraguas 
y nunca la lluvia.
La pertenencia y nunca el tránsito.
Nos equivocamos.
Una vez Leonard Cohen me habló
de la gente que vive en los andenes y jamás ha visto pasar un tren.
Porque no entienden su significado.
Aseguró que se lo contó una mujer que vivía en los trenes
y jamás había comprendido un anden.
Todo porque nos equivocamos.
Preferimos el alimento y nunca el hambre.
Y nunca la sed de los puños.
Y nunca el semen de las dudas.
Y nunca la catástrofe del equilibrio.
Y nunca la cara oculta de la lona.
Y nunca el fulgor
que acontece un nanosegundo umbrío tras encender el cigarrillo.



domingo, 14 de agosto de 2016

Verano

La tercera guerra mundial
la ha causado una sombrilla 
con publicidad del centro comercial
que cede el aire acondicionado de la planta seis
paraíso estival de los pobres de media clase
mientras Venecia se hunde por el peso
de la marea ciudadana turista necrofilia 
y en Mallorca solo cabe la familia irreal
la revolución puede esperar hasta pasado septiembre
si por fin llega el frío si existe todavía
las moscas conocen tu nombre tus aficiones
las moscas son el algoritmo de la red social de dios
el mar devuelve esperma oxidado a la orgía
de informativos que triplican su asco tele diario
los conserjes de los hoteles sonríen a la cámara
no parecen los mismos que te miran desconfiados
durante las madrugadas de enero
el negocio futuro está en máscaras de oxigeno de colores
el negocio futuro está en tu sudor embotellado
hay un toro y una virgen y un santo agonizando en cada pueblo
vitoreados a ritmo de reggeaton en la pantalla de mil iphones
no llames a nadie no hay nadie todos se han marchado
la ciudad ha muerto en el vacacional privado holocausto.
Todo va bien.
Todo está bien.
Sonríe, es verano.

viernes, 12 de agosto de 2016

Jódete, Peter Pan

Cuando era pequeño volé.
Lo juro, no es una puta metáfora;
desde un barco pirata en el cielo
levanté mis pies y surqué el aire
como el orgulloso albatros de Baudelaire.

Cierto que era una atracción de feria
y que en lugar de subir, bajé.
Y que pataleé en el vacío
 sin estilo ni decoro alguno.
Y que el suelo me reclamaba con egoísta voracidad.
Y que tuve la certeza absoluta de una temprana muerte.
Y que sentí una lástima infinita por mi madre
                      — allí abajo —
viendo a su hijo hacer el imbécil por última definitiva vez.
Sin saber que solo era la primera de una serie de caídas

i
n
t
e
r
m
i
n
a
b
l
e

Cierto que todo quedó en un susto
y una preciosa marca de Rorschach en el asfalto
dibujada con la sangre de mi nariz.
Que ahí acabó mi breve y accidentada
carrera de marino interestelar,
pero tal vez comencé a disfrazarme de poeta.
Como demuestra el hecho de llamar a caer volar.
De modo que yo también lo hice;
jódete, Peter Pan.



lunes, 8 de agosto de 2016

Objetividad de los objetos.

Háblame del vértigo incipiente
en el interior de la gota de lluvia
al conocer el color del paraguas.
Háblame del temor umbrío
en el corazón de la bala en vuelo
ante su destino de caja torácica.
Dime si muta la indolencia de la piedra
al abandonar el tacto rugoso de la mano
del padre que sentencia adulterio.
Cuéntame si la excepcionalidad aria
del copo de nieve le exime ante el sol.
Háblame de la indiferencia estremecedora
del ascensor del Gran Hotel Bali
al llevarte hasta la terraza de la habitación 765.
Y de todos esos objetos movibles allí abajo
que no saben siquiera que existes.
Todavía.

jueves, 4 de agosto de 2016

Quien sabe.

Quien sabe;
tal vez un día se te decapite la sonrisa.
Se te derrame el discurso perfecto
por la democrática camisa impoluta.
Y quede una mancha homicida transparente.
Y al regresar a tu casa en la segunda planta
la derrota sea la única que te espere
abierta forzada de piernas como aquella mucama
sin papeles llamada quien coño va a creerte.
Quien sabe;
tal vez ese día al otro lado de la línea
el silencio te responda a la lista de favores que te debe.
Se te amañe la suerte, te falle el jurado, te cueste la encuesta.
Te lluevan mordiscos invisibles de perros huérfanos.
Al abrir el grifo el barro dibuje tu nombre sobre la pila.
Se te trabe la corbata nueva en la puerta giratoria
y durante mil años no sepas si vas o vienes.
Quien sabe;
tal vez ese día el viento te empuje a la calle trémula
y te arrolle el desahucio de los autobuses.
Te devore las manos el hambre sin contrato
te aplaste contra el suelo la ausencia de techo
y la inseguridad social te asalte justo debajo
del anuncio gigante con tu rostro triunfante.

viernes, 29 de julio de 2016

La noche en que se extinguió el último hombre orquesta

La noche en que se extinguió
el último hombre orquesta
y funcionarios bostezando desmontaron el escenario
y la indolencia de los asientos vacíos
miró hacia el otro lado de la ventana
esperando quizá al próximo pájaro de metal oxidado
al siguiente héroe recogiendo su dentadura
de la lona y las palmadas de ánimo
del entrenador de pelo canoso que solo él ve
y el público cambió de canal pensando vagamente
qué grieta del techo será por fin la definitiva
y nadie buscó en el simulacro de cielo
un resquicio de meteorito genocida tardío
y el silencio avanzó exactamente 5`37 milímetros
lo suficiente para gozar de una posición ventajosa
y el jodido Dean Martin recogió de nuevo
la moneda de la escupidera
y Paul Newman no pudo evitar una mueca condescendiente
con cuarenta huevos duros en su estómago cadáver
y observamos el aleteo toxicómano de Campanilla
subiéndose las bragas con gesto mecánico
y los vagabundos formaron con sus cuerpos humeantes
un signo de interrogación gigante
en el sagrado suelo de la Gran Vía
y Sylvia Plath dudó si se había dejado el gas abierto
y derogaron por mayoría absoluta la ley del deseo
y todas las mujeres esperanzadas de todos los andenes
estaciones puertos aeropuertos quirófanos
bajaron lentamente la cabeza
y en El Palacio de la Moneda se escucharon rugir aviones
desde donde precipitadamente la gente 
ocupaba puestos de dudoso honor en las cunetas
y el hombre del tiempo dijo que haría buen tiempo
y una mayoría absoluta de vírgenes condecoradas
ocupó las portadas de los suplementos dominicales de cultura
y Leopoldo María Panero escupió Coca Cola
a través de su desdentada sonrisa de piano borracho
de canción en bucle de Tom Waits
y desde sesenta y cinco millones de años atrás
un ejército cojo de dinosaurios entonó un te lo dije
                      — esa noche —
la noche en que se extinguió el último hombre orquesta
nosotros estábamos allí, no sé si lo recuerdas.
Conscientes inconscientes atemorizados valientes
mientras nos deshacíamos de las pruebas
y arrojábamos su pesado tintineante cuerpo al río.

miércoles, 20 de julio de 2016

Solo los amantes sobreviven

Te prefiero felina
caminando a gatas sobre la cama.
Antes que derramando océanos.
Ahora que llevo tus lágrimas sobre mi pecho
como un criminal manchado de sangre.
Nos prefiero vivos
quedando exquisitos hermosos en las fotos.
Insolentes malditos en mitad del mundo cementerio.
Amor mío;
no sé si te he hablado de las partículas entrelazadas.
Del tiempo girando en círculos como un vinilo.
Somos los últimos
de una estirpe de versos aniquilados.
Solo tú y yo
conocemos el idioma decadente de los árboles.
Te prefiero gata
arañando mi costado con la puta ansia de la sed innata.
Me prefiero vampiro
muriendo en tu cuello blanco
como semen de ángeles caídos.
Nos prefiero fuego
ardiendo de la mano a través de ciudades estacas de hielo.
No conozco el futuro
porque es ignoto lo que no existe
pero el pasado habló de nosotros en propaganda de sueños.
Pese a que la mediocridad asole nuestro planeta
devoraremos a todo aquel que nos pretenda ceniza.
Porque incluso desde puntos
totalmente opuestos del universo
— tenlo claro, polita —
 al final solo los amantes sobreviven.




domingo, 17 de julio de 2016

Por el amor de dios

Ella le gritó que parara
por el amor de dios.
Pero el amor de dios que todo lo puede
no se encontraba allí aquella noche.
Estaba en una reunión del consejo de administración
para aprobar las rebajas de verano
en los uniformes de los mártires por amor de dios.
Estaba en las manos ásperas del cura
tranquilizando al trémulo niño con el amor de dios.
Estaba en la comisión millonaria del alabado campechano
por las armas que escupirán el amor de dios.
Estaba en el torero saliendo a hombros de la plaza
ungido en sangre por la gracia y el amor de dios.
Ella le gritó que parara
por el amor de dios.
Pero el amor de dios omnipotente omnipresente
no se encontraba en quienes miraban por la ventana.
Estaba en el respetado presentador de informativos
defendiendo las mordazas por amor de dios.
Estaba en los diamantes de las señoras en la puerta de la iglesia
donados por países masacrados por amor de dios.
Estaba en las concertinas y las fronteras y aduanas
que nos mantienen a salvo por el amor de dios.
Estaba en el congreso de diputados que nos da trabajo
gracias a la virgen y al amor de dios.
Y en las hermanas de la residencia llevando la senilidad a votar
por el inmenso amor de dios.
Ella le suplicó que parara
por el amor de dios.
Pero el amor de dios es caprichoso como todo amor.
Y aquella noche no se dejó ver por allí.
Estaba en el coltán de tu smartphone
desde el que darás un me gusta a este poema.
O al menos eso espero, por el amor de dios.

Drive

La vida es un disfraz de mediopelo
ocultando el pequeño detalle de la muerte.
Queda tan solo desdecir la desdicha
desandar las andadas a las que siempre vuelves.

Déjame besarte ahora que no tengo nombre.
Todavía no lo sabes
pero a lo sublime le sigue el horror invariablemente.
Dentro de unos segundos odiarás
el sabor de mis labios en los siglos de los tuyos.
Sabrás lo que soy realmente
y cuando se cierren las puertas de este ascensor
seremos otros ajenos para siempre.

Por eso déjame besarte ahora que no tengo nombre.
Rebobina a cámara lenta hasta el presente.
Estás ahora tan preciosa que sacrificaría otras mil veces
lo que creías de mí por protegerte.
Cuando lleguemos al próximo piso no seremos los mismos;
no soportaré como me verás, no soportarás verme.

La vida arrojará su máscara sin rostro al suelo
y huirás a su encuentro como un ángel despavorido.
Mientras yo conduciré solo y sin nombre
entre las líneas estroboscópicas discontinuas de la muerte.
Con una herida muda sangrando para siempres.

jueves, 7 de julio de 2016

Instrucciones para destruir a un poeta

Sostenga que su técnica apesta.
Que sus metáforas provocan involuntarias carcajadas.
Que comprende su desprecio por la métrica
después de comprobar la de su polla.
Alabe en público y privado a otro poeta
preferiblemente más joven y apuesto.
Acuda a sus recitales borracha y ensayando aspavientos.
Márchese a mitad de la tercera estrofa del segundo poema.
No acuda a sus recitales ni borracha.
Insulte a sus aduladores y aduladoras.
Preferiblemente si son más jóvenes y apuestas.
Venda a un precio ridículo sus libros en el rastro.
O colóquelos clandestinamente en el Carrefour.
Preferiblemente en la sección de autoayuda.
Señale obsesivamente sus faltas de ortografía e higiene.
Escóndale la bebida.
Dele dinero.
Deje como al descuido que beba agua después de medianoche.
Llámelo mojabragas, plagio de Marwan, envidioso de Escandar.
Adorador oculto de García Montero.
Pero si realmente su intención es destruir a un poeta:
no lo lea.




Ashes to ashes


Trazo huellas de pasos espurios.
Soy otro con déficit de luz
con un noviembre atravesado en la garganta.
Sujeto entre mis brazos la inviabilidad de una isla.
Esquivo dardos bastardos.
Soy el ogro que escupió sobre mi tumba mil veces.
Me asombra cuanto pesa lo invisible
y la caprichosa voluptuosidad del tiempo;
hace cien años me hirió un ahora
y cabalgué muerto por habitaciones de hotel
inyectándome dosis de hielo para contener el aliento.
Yonqui de cielo como el Mayor Tom.
En una escena repetida millones de veces
alguien contempla la voracidad de los autobuses
como un fantasma doble tras una ventana.
Acertasteis de lleno; soy una persona  horrible.
Tanto que deberían exponerme en mitad de la plaza.
No he tomado jamás una puta decisión acertada
y soy demasiado viejo para el Rock & Roll
demasiado joven para morir de pena.
No te sorprenda verme en un callejón
dejando que la vida me haga una mamada.
Soy el monstruo que habita los armarios de todas las casas.
Sin embargo yo no os exigí nada de mí mismo.
Prefiero a quienes caminan conmigo 
pese a todo y pese a nada.
Quien conoce mi pecado y mi culpa primera
y me ayuda a arrastrar cadáveres bajo el sol del Mohave.
Cenizas a las cenizas, polvo al polvo
 y de mi mano quien (no) quiera entenderme.


domingo, 3 de julio de 2016

La gente del crepúsculo

En el reverso sucio
del gran sueño americano
un ejército innombrable habita el sigilo de callejones.
La gente del crepúsculo
tan solo quiere bailar como las personas.
Follar con el mismo derecho que los animales.
Acariciar al semejante sin temor a la placa dorada.
Cuando las familias como dios y Nixon mandan
duermen seguras en sus casas,
tacones demasiado estrechos y pelucas ladeadas
pagan el impuesto de la moral en las cloacas.
La gente del crepúsculo
tan solo quiere amar desprovista del miedo a la luz.
A la aberración impuesta a las ratas.
Pero esta noche Miss New Orleans devuelve la patada.
Niños de aparente cristal acorralan uniformes.
Llueve la airada respuesta a la religión de las porras.
Las chicas de Sonewall tienen el pelo rizado
e improvisan un cabaret sangriento frente a la policía
a la que se le derrama por los pantalones la hombría.
El alba lame el hermoso disturbio de la poesía.
La gente del crepúsculo
camina ahora orgullosa travestida de sol.
Ojalá estos versos se te hayan antojado una amenaza.



jueves, 23 de junio de 2016

El astronauta

Te juro
 amor mío, que de existir
cualquier forma de cielo te lo prestaría.
No regresaría
a la sordidez de esta calle ciudad país
                                                     planeta tiempo espacio.

Despacio
 te desvestiría de relojes
estiraría hasta una eternidad nimia minúscula
tu pezón entre mis dientes.
Los mismos que arrojé al vacío exterior
                                            para devorar atisbos de sonrisa.

Sin prisa
 dilataría el rumor oneroso de tu cosmos
navegaría océanos invertidos de oscuridad pegajosa.
Me pasaría la vida en caída libre hacia tu cuerpo
                                                        ícaro meteoro satélite herido.

Te pido
ante mi imposibilidad para respirar oxigeno
que rodees mi cabeza con tus piernas
hasta la descompresión explosiva infinita.

jueves, 16 de junio de 2016

Un último favor

Diles que te construí un templo
con montoncitos de ceniza.
Y que resistió heroicamente el invierno de tu aliento
durante un glorioso segundo.
Diles que fuimos teatro de sombras obscenas
en la pared de la caverna primera.
Diles que fui, tonto o para tanto, pero que fui al menos.
Diles que asistimos impasibles y borrachos
al bombardeo de París.
Diles— júrales — que me viste en una ocasión
coger un fusil y a la libertad por los pezones 
mientras ella guiaba al pueblo.
Diles que una vez te corriste leyendo mis versos
en el justo y preciso momento
 en que un dictador se ahorcó
por los mismos hechos.
Diles que no tropecé diez mil veces sino que amaba las piedras.
Diles que aprendí tanto de mis errores
 que por eso los cometí de nuevo.
Diles que mi causa perdida
 no tuvo consecuencias ni efecto mi defecto.
Diles que no abusaba de las frases (des)hechas.
Diles que no todo fue drama, que asesinaba a payasos
y te llevaba sus cadáveres en el maletero.
Diles que mis amigos no pertenecían a ninguna ONG.
Diles que paré un taxi en mitad del puto Times Square.
Diles que si siempre temblé no fue por este frío interino.
Diles que no era mal tipo sólo tipo B negativo.
Diles que no me derrumbé.
Diles que al final no me derrumbé.
Y que tú también me echarás de menos.
Te pido por favor este último favor.
Miénteles.





domingo, 29 de mayo de 2016

Las mujeres de mi vida

Las mujeres de mi vida
lucen alas y garras.
Forman un ejército de una o varios.
Echan fuego a la gasolina
y esconden un objeto contundente
justo detrás de las tetas.
Disparan con munición de plata
y caminan con pies sin plomo.
Las mujeres de mi vida
encuentran siempre la emergencia de una salida.
Bailan en los semáforos rojos
escupen a los piropos, derriban andamios
y tienen más cojones que todos vosotros.
Las mujeres de mi vida
odiarían este poema machista si lo leyeran.
Las mujeres de mi vida
se sacuden cada mañana en punto
el  insomnio, la caspa ajena y el polvo de hadas.
Las mujeres de mi vida
me echan un segundo de menos
con el alivio vago e inconsciente
del dolor de muelas ausente.
Las mujeres de mi vida
en su inmensa e infinita minoría
no guardan constancia alguna
de que yo hubiera formado parte de la suya.

Geografía

Geografía.
Ciudad aplastada.
Isla sumergida.
Resto del naufragio del imperio.
Pasando la mopa al mapa.
De golpe un estado.
Patrias fantasma.
Fantasmas de la patria.
Apátrida exilio de frontera.
Oriente orienta el miedo accidentado de occidente.
Geografía.
Objetos mudos de mudada memoria demudada.
Calles que callan cuentan y descuentan
pasos que pesaron pesares.
Pisos que pisotea el vacío blanco del banco.
Rostros arrastrados en rastros del tiempo.
Geografía.
Valles con vallas garras que desgarran.
Puertas al campo. Santo y mártir.
Océanos insaciables de ignominia humana.
Naciones nacidas del necio negocio de la necesidad.
Geografía.
Atlas con alas sucias.

domingo, 15 de mayo de 2016

Canción de sal

Sentada sobre el precipicio
los cadáveres de las estrellas hieden mejor.
No se vive solo por vicio
vi escrito alguna vez en caligrafía de neón.

Dijiste que algunos inviernos
amaneces convencida de que vas a saltar.
Que la distancia en sed de suelo
no tiene demasiado que ver con dejarse vivir o matar.

Que ciertas primaveras detestabas la ciudad
desde que descubriste en las flores
algo insano y absolutamente demencial;
jurabas que habían enfermado de lesa humanidad.

Y aquella noche en que te llevé a ver nevar
lloraste asustada
no lo ves, amor mío, no es nieve es sal.

Es sal, es sal.
Y de algún modo al final nos enterrará.

Y desde entonces yo solo dormía
y apenas veía tu mano
 bajo una montaña cristalina.
Como un insecto extraño
que me llamaba y no se movía.

Y vagué por bares pisoteando ángeles de ceniza.
Acabé con las dosis permitidas de fulgor
y conocí a mujeres incendiadas por la prisa.
Mientras en un retrete alguien hablaba de amor.

Y mendigaba por las ferias veraniegas
burlándome de los artistas.
Y una noche borracho en Las Vegas
concedí una entrevista
a un espejo deformante de penas.

Me alegraron sus preguntas 
pero había bebido demasiada agua del mar.
Cuando el cloruro de sodio atacó mis ojos
tan solo pude balbucear...


Es sal, es sal.
Y de algún modo al final nos enterrará.

Y desde entonces yo solo dormía
y apenas veía tu mano
 bajo una montaña cristalina.
Como un insecto extraño

que me llamaba y no se movía.

Es sal, es sal.

Y de algún modo al final nos enterrará.























domingo, 1 de mayo de 2016

El amor de los yonquis

Siempre me fascinó
el amor de los yonquis.
El déficit de promesas esquilmadas
cuando el futuro es la quimera de los otros.
La certeza desgarradora y afable
de la muerte de los para siempre en la casilla de salida.
El éxtasis del sexo trocado por la próxima dosis.
Aún así se aman.
Recorren juntos la ciudad en una gincana cruel y sórdida.
Se pierden y reencuentran entre la sed y la búsqueda.
Conocen la profundidad ilimitada del fondo
y lo asombrosamente raudo que se es capaz de llegar.
Se saben rivales similares amantes bajo el sol del vertedero.
Siempre me fascinó
el amor de los yonquis.
Barajan la misma atroz naturalidad que algunos ancianos;
cuando tras unos minutos contemplando
el cuerpo muerto que yace a su lado
continúan su camino y su búsqueda
con esa actitud pasmosa que los normales llamaríamos
frialdad.

viernes, 29 de abril de 2016

Te echo de menos

Te echo de menos
como se echa de comer a los cerdos.
Te echo de menos
como se echa a una jauría
de perros en pos del fugitivo.
Te echo de menos
como se echa por orden judicial
a la gente de sus casas.
Te echo de menos
como se echa el desecho vivo
al cubo para los perros y los cerdos
en el quirófano.
Te echo de menos
como a una oscuridad consentida.
Te echo de menos
como a una posibilidad esfumada
que reverbera en la memoria
de diez mil hombres muertos.
Míralos; transitan ahora 
a lomos de algo que dejó
hace tiempo de ser tiempo
ante el aglomerado de orfandad
adquirida por osmósis
de sus diez mil madres.
Te echo de menos
como la sangre petrificada
perdura entre los dedos.
Te echo de menos demasiado
para no ser una mujer desnuda.
Un amigo extraviado
entre el papeleo.
Un país por el que matarse
estúpidamente la vida.
Te echo de menos demasiado
para no ser ni tan siquiera
la inspiración y lucidez necesarias
para que este poema 
te invoque y defina.
Te echo de menos demasiado
para saber tan solo
que
antes
estabas.
Que antes estabas.

martes, 26 de abril de 2016

Patos

El estanque.
El estanque de mi niñez.
No era gran cosa
pero pensé que estaría bien;
andaba cerca
recuperar esa sensación.
Ya sabes
toda esa mierda
a la que aferrarse
cuando no sabes a lo que aferrarte.
El estanque.
El estanque con los patos.
Resulta que ahora
era un diminuto Ganges.
Una excrecencia verdosa
abominable.
No podía creerlo.
Patos famélicos sarnosos
nadando entre ponzoña.
Sorteando trampas de plástico
colillas vasos de starbucks.
Me estaba poniendo enfermo.
Bueno, ya sabes como
somos de idiotas los poetas.
Mareado de jodidas metáforas
observando a ese bicho
que jamás se convertiría en cisne
hundiendo la cabeza en la miasma,
dejando su culo en la superficie
y moviendo ridículamente
las patas traseras en el aire
para buscar migajas de comida.
Ante la risa estúpida 
de las rosadas familias de los domingos.
Me entraron ganas de gritarle:
"qué haces, tío, no te hagas esto, vuela, tú tienes alas, joder"
Entonces vi algo moverse.
Algo que burbujeaba en el fondo 
Algo que supe vivo consciente.
Algo nacido y alimentado
de despojos.
Algo agazapado
dispuesto a esperar
lo que hiciera falta
para cobrarse su venganza;
contra nosotros
contra el Ganges
contra las familias rosadas
contra los Starbucks
contra mí
y por supuesto contra los putos patos.
Dirás que soy una persona horrible
pero aquello hizo que al final
tuviera un día maravilloso.

domingo, 24 de abril de 2016

Angelus

Y yo que adolezco de dioses
hubiera recitado un ave maría
por cada vez que la cascada de tu pelo
fustigaba la gloria contra mi pecho.
Y yo que carezco de talento reseñable
fui destellos de Miguel Ángel en la capilla lienzo
entre el éxtasis de tormento de tus muslos pálidos.
Y yo que me daba por muerto irremediable
me supe Lázaro en el bucle ungido de tu saliva.
Y yo que vine al mundo sin oído alguno
fui sinfonía de Mozart en clave de sol
parida infinita al mundo.
Y tú que surgiste completo milagro
 quebrabas la espuma
con arqueada danza amazona norteña.
Y tú que repudias la tierra firme
me trazaste océanos escarlata en la espalda.
Y nosotros que despreciamos los cielos prescritos
amanecimos náufragos exhaustos de paraíso.
Estúpidos y sensuales ángeles recaídos.



miércoles, 20 de abril de 2016

Quién

Quién otorgará desproporción
a tus labios.
Quién amasará tu cuerpo
como a una fortuna indecente.
Transcribirá el pentagrama
de llamas de tu espalda.
Se hará un rosario con tus lunares.
Un obituario de emociones desperdigadas.
Quién desvalijará a la tristeza
resguardada bajo tus bragas.
Quién sabrá
del cortante filo del deseo concedido.
Corromperá un diálogo con la cadencia proscrita
de tus latidos.
Fustigará el crepitar oneroso de tus caderas.
Quién inoculará tempestades blancas a tu vientre.
Quién dormirá el sueño injusto
cuando te vistas sigilosa y te marches
y deambules por los amigables adoquines de la madrugada
como una nómada felizmente extraviada
y
el familiar frío
el hastío recurrente
el tiempo navaja
sean las últimas de tus preocupaciones
cuando cualquiera de las noches venideras
sin ningún atisbo de estúpida y ridícula culpa
vuelvas a preguntarte a ti misma
Quién otorgará desproporción
a tus labios.
Quién amasará tu cuerpo
como a una fortuna indecente.
Transcribirá el pentagrama
de llamas de tu espalda.
Se hará un rosario con tus lunares.
Un obituario de emociones desperdigadas.
Quién desvalijará a la tristeza
resguardada bajo tus bragas.
Quién sabrá
del cortante filo del deseo concedido.
Corromperá un diálogo con la cadencia proscrita
de tus latidos.
Fustigará el crepitar oneroso de tus caderas.
Quién inoculará tempestades blancas a tu vientre.
Quién dormirá el sueño injusto
cuando te vistas sigilosa y te marches
y deambules por los amigables adoquines de la madrugada
como una nómada felizmente extraviada...

sábado, 16 de abril de 2016

Otro día en la tierra

"Desnudo en llanto" Munch
Dentro de esa caja
los concursantes sonríen con todos los dientes.
Son los nuevos gladiadores de la abulia.
Y yo los venero con el desprecio suficiente.
En las calles agrietadas de reproches
se nos ruega encarecidamente a los pobres
agonizar en silencio y sin molestar al vecino.
Que lo cortés no quita lo valiente
y la cobardía es de una mala educación imperdonable.
El último poeta vivo de occidente
dilucida un verso
sobre la barandilla del puente de las flores.
Mientras los políticos creen encontrar poetisas
en los baños de los burdeles.
El placebo contra el horror se llama Alzheimer colectivo
piensa la niña sin lágrimas que recita
el último comunicado de Boko Haram.
Me pregunto si te has preguntado en alguna ocasión
por qué el resto del mundo pierde siempre los partidos benéficos.
Volví a ver a la mujer que canta en la puerta del supermercado
quise decirle que le había escrito un puto poema
como si eso de alguna manera pudiera salvarla lavarme sanarnos.
Me pregunto si te has preguntado en alguna ocasión
por qué los fantasmas de Chernobyl nos temen.
Cuánto tardaría el yate bribón del Jeque moro bueno
en cubrir la distancia entre Benidorm e Idomeni.
Cómo demonios pensamos salir de la oscuridad
si aceptamos el impuesto revolucionario por la luz.
Escuché algo sobre un tipo de Ohio
que vio el rostro de Dios en la última marca que le hizo a su mujer.
Ahora todos le llaman Pastor.

El antídoto al dolor se llama mantente pre-ocupado.



miércoles, 13 de abril de 2016

5`45

Cuando vengan
—que vendrán—
falsificarán las causas y los efectos.
Denostarán el abrazo instinto apátrida.
Tras el exilio del albedrío
tan solo nos habitarán nombres sin rostro.
Pistas falsas del crimen del siglo que viene.
Dejarán cuando vengan un reguero de coartadas.
Derogarán el júbilo del aullido inconmensurable
Tejerán la urdimbre viscosa de lo inevitable.
Traicionarán a la noche con el eclipse gutural del desconcierto.
Nos robarán a mano alzada nuestros mejores planos.
Y asistiremos a la cópula atroz de dos soles negros.
Cuando arrecie el vendaval tan solo sobreviviremos
si somos capaces de distinguirnos en el brillo del vertedero.
De arrancar de raíz las ruinas de los gloriosos restos.
Entonces sí, nos hallarán amnistiados, exhaustos y completos.
Como amantes de Pompeya.
Merecedores.
Nuevos.

lunes, 11 de abril de 2016

Alguna verdad incómoda sobre la verdad

Es hora de decirlo;
la verdad es un vicio maleducado.
Una puta que nadie usa pero todos reivindican.
El golpe en el pecho de la vulgaridad.
Y está bien así.
Dime qué harías tú si una mañana cualquiera
—sé jodidamente sincero—
despertaras siendo consciente de ti mismo.
Dime si correrías a señalarte taimado, cruel, estúpido.
Gritarías enumerando tus insólitas bajezas.
El día que viendo llegar la tormenta cruzaste los brazos.
La ocasión en que ajustaste cuentas de collar
con sorprendente precisión matemática.
Si describirías el contorno inmaculado de tu huella
sobre aquella cabeza.
La noche en que el demonio se estremecía al nombrarte.
El bosque que ardía en un horizonte demasiado familiar.
El sabor dulce del daño en el centro de la llaga.
Dime tú qué harías si una mañana cualquiera
comprendieras que solo eres una simple mala persona.
Te estoy preguntando si me dirías la maldita verdad.
Te lo pregunto honestamente
mientras contemplo la textura de la sangre y el arma en mi mano.


domingo, 10 de abril de 2016

Papel quemado

Para Pilar


El papel quemado
es una de las cosas más tristes del mundo.
¿No te parece?
Farenheit 451 de melancólica ignominia asesina.
Salinger sodomizado por la tirana victoria de la palabra.
Sórdido antónimo de San Juan dadaísta.
Llamas pariendo la absoluta nada
el crepitar de la danza del vacío sobre lo que pudo haber sido.
Ni tan siquiera cenizas.
Ni tan siquiera cenizas.
Ni la esperanza del póstumo abrazo de gloria del mar.
Ni la posibilidad de la urna con la autoría del ego.
La liberación definitiva del peso de significar
y el placer y el dolor retorciéndose
con ínfula perversa de látigo redentor.
Ni tan siquiera cenizas.
Ni tan siquiera cenizas.
El papel quemado no arde, se desintegra
como un sueño ante el destructor contacto con la vigilia.
Fénix inválido de alas incapaces
sobrevolando un rumor vacuo de esquina no atrevida a doblar.
Sin ningún nido del que resurgir a trompicones.
Ni tan siquiera cenizas.
Ni tan siquiera cenizas.
Que esnifar en un vano y absurdo remedo de inspiración.




jueves, 7 de abril de 2016

Cosas que una pescadera podría contarte

Una pescadera por ejemplo
podría contarte
que las monjitas de la residencia
en que veranea todo el año
el padre del académico
piden marisco del bueno 
para ellas
y morralla para los viejos.
Que la chica rusa que limpia
en el chalet de La Moraleja
del académico
se queja de estar asegurada
cuatro de las ocho horas.
Que las manos que escriben
prodigios excelsos
del académico
se descuidan demasiado.
Que los sillones y las poltronas
huelen infinitamente peor
que las tripas del pescado.

martes, 5 de abril de 2016

Soy palabra o informe pormenorizado del desastre

No son solo palabras.
Soy solo palabras.
Un esqueleto de verbo me define y constituye.
Dentro
—deberías saberlo hermana—
se libra una tormenta tan jodida
que me mataría antes de que te salpicara.
No son solo palabras.
Soy palabra.
Cada una de ellas tan cierta como la sed
que destilan mis arterias.
Es lo único que tengo término terminal germinal.
Dentro
—me conoces mejor que yo, mi niña—
el puto Coronel Kurtz se horrorizaría de verdad.
No he cambiado pese a no saber quién demonios seré
cuando acabe de cruzar la calle.
No he mentido pese a ignorar en qué proximidad
de relámpago me abriré en canal
como las piernas ofrendadas de un cielo turbulento.
No son solo palabras.
Soy palabra.
No existe nada más que pueda ofrecerte.
Dentro.
—no te sorprenderá, cariño—
la oscuridad y el vacío celebran una danza devorándose a muerte.
El dolor endémico acaba doliendo cuando tratas de ahuyentarlo.
Nunca quise que odiaras no haberme odiado.
Pero me siento como si a Jean Rochefort
su mujer, ya sabes, la peluquera,
le espetara que su estúpido y genial baile fue una mierda.
No son solo palabras.
Soy palabra.
No las subestimes como un domador de pulgas al picor.
Porque dentro no queda absolutamente nada.

domingo, 3 de abril de 2016

¡Oh, capitán, mi capitán!

Recorre la concurrida avenida
arriba y abajo
y abajo y arriba.
Su estrambótico triciclo ruinoso
(audaz y soberbia nave)
con un estridente anacrónico pantagruélico radiocassete
sortea la mofa la befa la sorna baldía
                                      de cada día.
Parece en forma a sus seguros ochenta.
Pese a la triunfal sonrisa de intermitente albura sucia.
Tal vez ayuda al conjunto
la americana roja impoluta con ramillete de algo en el ojal.
Y la gorra azul de plato marinero de asfalto.
Y la gorra azul que quizá entusiasmaría a Whitman.
Yo que ni quise nunca ni creo jamás
llegar a viejo
de hacerlo
de lograrlo
de faltar a mi palabra
desearía ser lo más parecido a usted, caballero.
¡Oh, capitán, mi capitán!

sábado, 2 de abril de 2016

Conformarse

Empieza así, por una cosa minúscula.
Empieza siempre así.
Una frase común en la boca del hombre
que me pone el café cada día a las 7:30 de la mañana.
Eltiempolapolíticaelfútboleltiempoelfútboleltrabajoelmundo.
Y salta el resorte en el enmarañado
cableado incoherente de mi cabeza.
Dice algo como;

 yo me conformo con venir aquí cada mañana.

Y empieza
dentro
muy hondo
pero                                 superficie.
excavando hacia la

¿Cómo es posible vivir así?
Debemos conformarnos como mínimo con
.
.
.

mordisquear los tobillos a los dioses
sublimar cada instante dorado
iniciar cada alba un canto en los dientes del cisne
follarnos la duda entre las piernas de los ángeles
crear a pies juntillas lo ignoto innombrable
cabalgar majestuosos la estela de cometas fugaces
derogar la ley del más fuerte a hostia limpia
despedir con indemnización al alma de llaves

Y regresa
dentro
cavando de vuelta muy 
                                         hondo.

Acaso toda la poesía del mundo resida
simplemente
en girar y girar la cucharilla de este café
amasando versos en cafeína y nicotina y bostezo
en hombres ambiciosos como este
 que no se conforman con menos que alimentarlos
sin la prepotente necesidad de saberlo.
                                    


Intemperie

Ruge el último estertor
de la nieve al derretirse.
En la intemperie.
Acecha el recurso de la sed
en el pentagrama sombrío
de notas aladas sobre
cables de luz.
En la intemperie.
Francotiradores estrábicos
toman posiciones
sobre las azoteas 
de las casas de empeños.
En la intemperie.
Merodean demiurgos colmillos
con aliento de fúnebre
espectáculo para acólitos.
En la intemperie.
Pero existe el refugio urgente
de su boca insurgente.

UN HOMBRE

En cierta ocasión quise ser un hombre.
Era mi deber (dijeron)
Me hablaron maravillas de aquel sitio
en que se alquilaban sueños.
Durante el largo trayecto
pude contemplar esos inmensos campos verdes.
Como millones de hectáreas de promesas incumplidas.

Tengo la frágil y resbaladiza impresión
de que erosiona más el daño que hemos causado.
Ensombrece el contorno de lo acontecido
la asombrosa facilidad con que abrazamos el insulto.

En cierta ocasión quise ser un hombre.
Era lo establecido (dijeron)
Dejé que mis manos gangrenaran de versos no natos.
Aprendí a diferenciar las distintas voces de las piedras.

A reconocer el aire comprimido en el aroma a disparo.
A veces me asalta la idea de ser tan solo
destellos muertos para las estrellas.
El mensaje cifrado en el aullido del perro encerrado.
Laceran las aceras mojadas de sequía.

En cierta ocasión quise ser un hombre.
Haz lo correcto (dijeron)
De modo que empuñé una pala y una botella.
Y terminé de cavar orgulloso antes de que el sol
se pusiera para siempre.

domingo, 27 de marzo de 2016

De muertes

De fango
se volvieron las lágrimas
que pudrieron los ojos
de tanto ser lágrima.
Nunca fue tu culpa
no alejar lo suficiente tu risa de mi infierno.
Si no te conociera pensaría mal
que has aguardado agazapada la presa de mi alegría.
Entonces no te importaba.
Querer no es poder, es creer.
Y nosotros que no pudimos nunca tuvimos fe.
Hasta los santos la pierden
cuando las diosas abren las piernas del silencio.
Y mira en eso tampoco te miento;
yo ni siquiera fui nunca uno de ellos.
Pero sabes que te amé como un ateo sus convicciones.
Resulta irónicamente curioso
que las únicas palabras tuyas que podían salvarme
durante ese millón de veces en que he muerto
te brotaran a destiempo y con vocación de guadaña.
Quien iba a decírnoslo;
tú tan herida
 yo tan de muerte.

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