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sábado 26 de noviembre de 2011

LA CAZA

En cuanto tuve la edad suficiente mi padre comenzó a llevarme de caza.Solíamos ir a un bosque no muy lejano y allí mi padre me iniciaba en los secretos de este deporte, aprendí a seguir un rastro, a diferenciar y proteger a las crías, a despreciar el trabajo vil de los furtivos.Eran jornadas maravillosas de conexión entre padre e hijo y poco a poco fui convirtiéndome en un experto en tan noble arte.
Recuerdo una fría aunque soleada mañana en la que mi padre y yo caminábamos siguiendo el rumbo de un riachuelo con las armas en posición de descanso.Habíamos dejado la camioneta a unos pocos metros, en un claro, y no llevaríamos ni una hora de caminata cuándo escuchamos unos crujidos en lo alto de un terraplén.Con un gesto mecánico ambos empuñamos nuestros rifles apuntando hacia arriba y pudimos observar como se movían unos matorrales cercanos.Mi padre me hizo un gesto con la mano indicándome que nos separáramos y que cada uno subiera por un lado con el fin de acorralar a la posible presa, de modo que subí por un pequeño y abrupto sendero mientras observaba como mi padre hacía lo propio por el otro extremo hasta que lo perdí de vista entre los árboles.Nada más llegar a lo alto escuché unos pasos próximos y con sumo sigilo me acerqué hacia el lugar desde el que provenía el ruido, de inmediato me encontré frente a frente con la presa.Se trataba de una hembra todavía joven pero que se notaba que ya había tenido crías, sin duda un magnífico ejemplar, esbelta y orgullosa.Apunté a la cabeza y cuándo mi dedo indice estaba a punto de empujar hacia atrás el gatillo, algo me detuvo.
No sabría decir exactamente qué fue, pero sus ojos, azules, intensamente vivos, se clavaron en mí y me invadió una sensación extraña, como de culpabilidad.Sentí que aquel animal tenía la certeza, clara y diáfana, de lo que iba a suceder, que era totalmente consciente de su destino.Un disparo resonó en el silencio del bosque y la presa cayó abatida, dejándome ver a mi padre frente a mí que me miraba inquisitivamente.

Al terminar la jornada cargamos todas las piezas que nos habíamos cobrado en la camioneta y pusimos rumbo a casa.Cuándo la camioneta se elevó por encima de los árboles y la espesura del bosque sentí un repentino e inesperado alivio y le conté a mi padre lo que me había sucedido y la inquietud que aquella presa me había despertado.Mi padre se echó a reír a carcajada limpia, alegando que en los doscientos años que hacía que habíamos conquistado aquel planeta jamás había existido constancia de que los seres humanos tuviesen conciencia alguna.

28 comentarios:

Mascab dijo...

Ufff! humanos sin conciencia!! miedo me dan, aunque haberlos haylos pero no quiero pensar que son ejemplo de la humanidad para nuestros hijos, sino del lado malvado que a veces, en su imperfección, tienen algunas mentes que viven entre la humanidad...

Un relato que empuja al análisis de nuestras conciencias...

Celebro tu regreso, para tomarte éste respiro en tu casa virtual.

Besos

Lapislazuli dijo...

Clochard siempre es un placer leerte, me has llevado a una jornada de caza con tus palabras excelentemente escritas. Ademas has dejado una reflexion. Un abrazo

Didac dijo...

Son muchas las ocasiones, en que los animales poseen certezas que los humanos nos hemos dejado en el bolsillo trasero del pantalón.

He sentido alivio cuando en tu narración, nos hacías ver tu incapacidad para disparar y he recordado La Caza de Carlos Saura; como el hombre puede dejarse la conciencia y asumir la degeneración, no contra los animales, también contra el propio hombre, a fin de cuentas cada día más “animalico”. En cualquier caso me gusta más verte escribir que cazar. ¡Bienvenido! Un abrazo

Maribel Cano dijo...

¡Joooo...! ya pensaba que se trataba de una cacería normal..,y de los remordimientos de un ser humano cuando acorrala un animal y le dispara por el mero placer del deporte...
Esta cacería en cambio,es más brutal, si cabe,pero es tu relato una enseñanza para el cazador,que domina a su víctima y la caza sin escrúpulos alegando su falta de consciencia..
Si existiera un ser que pudiera dominar al hombre y lo pusiera en la mísma tesitura...¡¿se daría cuenta el hombre que los animales tienen su propia consciencia...?!
Sería tarde al fín y al cabo

Sabes una cosa...
Vivo pegada a un coto de caza..,¡y a veces véo tantas cosas!, ¡tanto furtívo...,tanto cazador...que interrumpe la paz del campo y la vida tranquila de los animalillos!

Buen ejemplo con tu relato, Javier...
Y me alegra tu vuelta por fín..jeje
Un abrazo

Maribel

ion-laos dijo...

Dichosos mis ojos azules, que te leen, pero no me pegues un tiro, eh?

No quiero perder la fe en el ser humano. A veces se te ponen por delante muchos imposibles y has de capearlos como buenamente puedas. Tampoco nos rasguemos las vestiduras y pensemos que somos los mejores, cada uno en un momento dado hemos dado rienda suelta a esa inconsciencia.

Buen finde Javier, besos.

estrella dijo...

Hola Clochard!!
Me alegro poder leerte y admiro de qué forma le has dado la vuelta a la historia,cómo siente el cazador remordimientos y penar por el animal,cuando le mira a los ojos.
Y otra cosa que dices,los humanos hemos hecho tantas atrocidades que creo que en esas ocasiones no hemos tenido conciencia,ni corazón,ni nada de remordimiento por el daño causado.

Me gusta ver que no siempre es así,y que existe esperanza con nosotros.
Un beso!!

Susana Camps dijo...

Me gustan mucho las historias que parten de una situación realista o una escena que puede ser (he escuchado experiencias parecidas, narradas por un amigo cazador) para ofrecer una vuelta sorprendente. El final inesperado da que pensar, no es fácil.
Abrazos

lehahiah0909 dijo...

Bueno ..lo primerito es darte un abrazo por el tiempo que llevo sin venir....muakkkkkkkk...y ahora paso a lo siguiente....
En el transcurso de la narración hay un momento en que como muy bien dices denominas a la caza...."deporte" muy acertadamente pués es así como se considera hoy en día con lo cual este dato es..real .. ahí ya mis tripas regurgitan y yo empiezo a tensarme....porque ¿deporte? yo no veo la deportividad por ninguna parte...y me parece insultante y aberrante...
Después continúo leyendo hasta el final...magnífica historia, como nos tienes acostumbrados...pero sabes?? yo creo que no tiene nada de ficción porque aquellos que matan animales por diversión carecen de conciencia..asi pués no respiro aliviada después de concluir la lectura..sigo igualmente indignada de que hoy en día se siga practicando este ¿¡¡¡deporteee!!!??....
Gracias por este tironcito de orejas contado solo....como tu sabes..
Ahora otro achuchón de despedida..con muchos besitos llenos de alas...

Juan Ojeda dijo...

Excepcional amigo Javier; realmente no podía esperar menos de tu sensibilidad. En este acto literario (quizás invisible, por ende esencial) has puesto blanco sobre negro aquello que la creación busca... "transportarnos al Otro Lugar", y bajo esa empatía, justo antes del punto final nos sentimos en la piel de un ciervo, un humano, otro siervo (...que increíble laberinto son las palabras),

Enorme abrazo desde el sur, gracias por el viaje.

Lore dijo...

Es fantástico tu relato, como todos.
El tema de la caza me parece interesante, y en general estoy contigo, porque toda la vida en mi casa la he vivido, aunque esto no quiera decir que estoy a favor de la caza...NO.

Sin embargo yo sé, que a pesar de la mala fama que les persigue, hay muchos cazadores, que siguen siendo modelos a seguir, y es que ellos la caza la han vivido desde niños y la ven tan natural, como la vida misma.

Los cazadores deben cazar solo las especies permitidas y no otras, y para algunos, esto, sería faltar a la ética, en otras palabras se debe tomar lo que se debe no lo que se quiere. En muchos casos esto no se respeta,y ahí aumenta más si cabe, la mala fama de los cazadores.

Creo Clochard, que en todo debería existir un buen equilibrio, tanto en la naturaleza como en la sociedad humana...y esto también es utópico.

Muchos besos y nos vemos. Perdona si me dejo ver poco, ando tan liada...

midala dijo...

Javi que pasa??tú quieres dejarme paralizada siempre delante de tus relatos???joder yo me cago de miedo jajajjajajajajajja.Espeluznannnnnnteeee y terrorifico pero genialllllllllllllllllll mi niñooo!!!escribes que te mueres,enganchas hasta el últimoooo momento!!Me alegra muchiiisimo tu regreso pues ya tenía yo ganitas de estar aterrada delante de la pantalla!!!:):)Besitosssss miles de besitos y de bienvenidasss

Simplementeyo dijo...

No me gusta la caza, pero tu relato si, así que prefiero quedarme con tu relato.

Besitos y sonrisas sin cazar

Marinel dijo...

Odio la caza de cualquier tipo.Odio pensar que nuestra especie,la llamada raza "humana" pueda llegar a ser lo que ahora son otras especies por nuestra culpa.
Me parece muy simólico tu texto,muy para recapacitar, tan certero como ese disparo.
Un beso.

MEN dijo...

Ya creía que era una mañana de caza normal. Mi marido es cazador y me ha contado muchas situaciones parecidas. Pero tu final es impactante. Es otra especie la que caza humanos. Se da la vuelta a la tortilla, me encanta. Nunca me ha gustado la caza, matar porque si, es horrible. Ojala los humanos tomáramos mas conciencia y supiéramos ponernos más en la piel de los demás, aunque sean animales, que estoy segura que también tienen sentimientos. Me encanto. Un bessito

Mayson dijo...

Aunque no me guste la caza, sí que la entiendo como el método de conservar el ecosistema.
Estupendo tu relato. Sentía, incluso, la cautela con la que tu padre y tú ascendíais para acorralar a la presa.
Un abrazo.

Humberto Dib dijo...

Me hablan de caza y pienso en Hemingway, es automático.
Estás subiendo pocas entradas, espero que estés bien.
Un abrazo.
HD

Gybby dijo...

Un final impactante!! A la presa de ojos azules parece que la estoy viendo....
Muy bueno como siempre!!

Un saludo amigo!!

Leticia dijo...

Un placer leerte estimado escritor. Para mi parte del arte de la escritura es conmover, lo logras en el relato que acabo de reflexionar. Un saludo desde México.

estrella dijo...

Hola Clochard!!

Pasaba a saludarte y te dejo un abrazo!!
Espero que todo esté bien!

ion-laos dijo...

Dichosos los ojos!!!! Para que luego digan que martes y trece es gafe!

Y yo ahorrando para pagar tu rescate, qué alivio, te han soltado y me puedo ir a las rebajasssss!!!! Jajajajaja

Besos!!!

Gloria dijo...

Hola Javitxu...
aunque ausente, tu luz siempre va conmigo...
No me gusta la caza, no la entiendo en algunos países, llenan un lugar de animales para luego darles muerte...
El otro día, escuchaba que había que matar a los lobos, porque ellos mataban los rebaños, yo creo que si los lobos bajan a por la ovejas, es porque los animales que les servían de alimentos han desaparecido ¿ y por qué se han extinguido? ¿quién alteró la cadena alimenticia?
La conciencia se forma con la educación y el respeto hacía los animales.
Es mi opinión... un abrazo..
PD.. Me alegro un montón leer a Mayson

merche marín dijo...

Tengo un cazador en casa, mi marido. En realidad, él no mata, pues lleva una rehala de sabuesos españoles y va resacando. Al menos yo quiero pensar eso, que no mata, aunque ayude a sacar fuera a las presas. Pero me da rechazo pensar lo contrario y no sé si podría resistirlo. A veces me lleva de paseo por los montes que caza y los paisajes son impresionantes. Los disfrutamos juntos y es lo único que quiero pensar para no tener que juzgarlo y rechazarlo instintivamente, que es lo que me sale de dentro.

Besicos, Clochard, me ha gustado mucho ese vestigio de humanidad en un cazador.

merche marín dijo...

Por cierto, yo no tengo los ojos azules pero espero que alguien se apiadara también de mi mirada. Un abrazo.

GOLFA dijo...

Inteligentísimo relato, Javitxu querido. Sabes escribir como pocos. Aunque a mí me gusta mucho más Humberto Dib, tú tienes un modo de contar las cosas que atrapa. Lo confieso.

Celebro tu regreso. Mil besos, cariño mío.

Marilyn Recio dijo...

Un placer leerte, muy bueno este relato. Un final triste, pero realista. Qué hubiera pasado después de este intercambio de miradas. No se sabe, para el animal, en ese momento eres su enemigo, el que invade su territorio. Quiza tu papá te salvo la vida. Aunque no me gusta la caceria, me parece cruel.


Merry Kisimusi!

Imilce dijo...

Yo he tenido una época de mi vida paralela a la caza, nunca la he hecho directamente, pero sé lo que siente un cazador.
Me ha llegado tu relato.

Un beso

clochard dijo...

Aunque no me gusta aclarar lo que escribo, me gusta que cada lector tenga una opinión propia y hasta distinta del autor, me veo obligado a aclarar algo sobre este cuento.
Nunca he practicado la caza, ni mucho menos,la primera persona no es más que un recurso literario para un relato que pretendía, al menos,despertar una reflexión sobre las cosas que hacemos como la especie más "evolucionada".
Mil gracias a todos por estar ahí y honrarme con vuestras lecturas y comentarios.
GOLFA: A mí también me gusta más Humberto Dib que yo mismo, es como comparar a Julio Cortázar con Corin Tellado.
Besos y abrazos a tod@s.

Anónimo dijo...

Precioso relato,me pasò algo parecido,un dia acompañado de mi hija que en aquellos entonces nunca se separaba de mi,al coronar un cerro me encaro con una cierva y acto instintivo,le apunto y nos miramos de igual manera busco la presencia de mi hija y consciente del hecho estaba mirando la cierva y al dirijirme la mirada le lei en los ojos un no,bajè la escopeta y al moverse la cierva descubrì que tapaba con su cuerpo a su cria,cogì a mi hija en brazos para que viese mejor la escena y juntos disfrutamos el buen rato que los cuatro estubimos mirandonos.Colguè la escopeta y no he vuelto a cogerla, hace ya 6 años y cada vez que lo hablo con mi hija del tema me admiro de ver como sintiò todo lo que se viviò en los primeros segundos.Ella està orgullosìsima de saber que la descendencia de esa madre que imagina numerosa le "debe"la vida.
Yo le debo algo mas.
Saludos